manolovni
Poeta recién llegado
TARDES DE PIZARRA
La lluvia cercena mis ojos
mientras camino en el frío.
Con ladrillos en los bolsillos.
Ando por un umbral
donde los entes
se acercan a saludarme,
por el camino gris que conduce
hacia ninguna parte.
Y pienso en cosas hermosas,
en chicas de novela
y en olor a rosas.
Me acuerdo de esas cosas,
porque viven en mi recuerdo
y no me traicionan.
A mi mente entretienen y emocionan.
Caigo al bar vacío
donde un camarero negro
me saluda con brío.
Y miro la televisión,
mientras me como un trozo
de mi propio corazón…
Y me voy…
Como después de una transfusión de amor.
En el cielo no hay sol,
y el tren no suena porque
es subterráneo como yo.
Lo que queda de un árbol
que nunca creció.
Cuando se taló.
Me siento
roto, igual
que vivo,
c
o
mo
a
quel
caballito
del i v v
t o i o…
enterrado
en el lodo y podrido.
Intento arrancar
el motor de mi alma,
pero de nuevo se cala…
Y las tiendas para mí
siempre están cerradas.
Otra tarde a la cola
Las “Coplas de la amapola” (1).
Tristeza de una cebra
cuya prole es devorada
mientras huye a tropel
en desbandada.
Lloro otra vez,
porque cuando estoy sólo
nadie lo ve,
y creo que no cuenta.
Llueve en mi cara
por esta carretera
de dirección cruenta.
Algún día fondearé
en la bahía donde abundan
las olas de vida.
Yo lo sé, porque todo
se transforma.
Cada grito, cada gracia
y cada norma.
(1) Canción de Soledad Bravo
La lluvia cercena mis ojos
mientras camino en el frío.
Con ladrillos en los bolsillos.
Ando por un umbral
donde los entes
se acercan a saludarme,
por el camino gris que conduce
hacia ninguna parte.
Y pienso en cosas hermosas,
en chicas de novela
y en olor a rosas.
Me acuerdo de esas cosas,
porque viven en mi recuerdo
y no me traicionan.
A mi mente entretienen y emocionan.
Caigo al bar vacío
donde un camarero negro
me saluda con brío.
Y miro la televisión,
mientras me como un trozo
de mi propio corazón…
Y me voy…
Como después de una transfusión de amor.
En el cielo no hay sol,
y el tren no suena porque
es subterráneo como yo.
Lo que queda de un árbol
que nunca creció.
Cuando se taló.
Me siento
roto, igual
que vivo,
c
o
mo
a
quel
caballito
del i v v
t o i o…
enterrado
en el lodo y podrido.
Intento arrancar
el motor de mi alma,
pero de nuevo se cala…
Y las tiendas para mí
siempre están cerradas.
Otra tarde a la cola
Las “Coplas de la amapola” (1).
Tristeza de una cebra
cuya prole es devorada
mientras huye a tropel
en desbandada.
Lloro otra vez,
porque cuando estoy sólo
nadie lo ve,
y creo que no cuenta.
Llueve en mi cara
por esta carretera
de dirección cruenta.
Algún día fondearé
en la bahía donde abundan
las olas de vida.
Yo lo sé, porque todo
se transforma.
Cada grito, cada gracia
y cada norma.
(1) Canción de Soledad Bravo
Última edición: