Angel Virgilio
Poeta que considera el portal su segunda casa
TARDES IRREPETIBLES
Bajo telar sombrío de tardes irrepetibles
evocábamos por turnos los poetas,
magia era la palabra contenida en cada verso,
en tanto las mariposas en bandadas
apresuraban vuelo por calles de la Romana…
¡ florecía la tarde… cantaba la vida!
A veces la tertulia se trasladaba a otras orillas
que mi abuela en un halo de ternura manejaba
hasta Borinquén y me hablaba de Aguadilla,
la cuba de Martí, el poeta de Tepic Amado Nervo.
Las alas del mar se abrían iluminando el cosmos,
la palabra era velero que nos llevaba en ruedos
por toda América. ¡Oh Perú de Vallejo, Chile
en Neruda, Borges de Argentina!
Nuestra bandera a la vela adornada con una
gorda de botero enamorada de Venezuela
donde cantaba Eloy Blanco.
Indistintamente cambiaba la corriente, así
un ciclón del Caribe llamado Hostos nos batía
con fuerza de poesía y Fabio Fiallo junto a
Darío de Nicaragua gritaban en la quilla; ¡tierra, tierra!
Y era otra vez la tierra de Pedro Mir.
¡De nuevo en las Antillas!
Y eran otra vez las mariposas en bandadas
apresurando vuelo por calles de La Romana,
¡Florecía la tarde…cantaba la vida!
Debí decir que mi abuela en ensoñación
era quien Remaba la barca, encendía
veleros de arrebatos liricos;
“Tardes Irrepetibles”
don sin paralelos,
y ahora recita inolvidables poemas
por las calles del cielo.
¡En tanto las mariposas en bandadas
apresuran vuelo por calles de La Romana,
florecer de tardes…cantos de vida!
Bajo telar sombrío de tardes irrepetibles
evocábamos por turnos los poetas,
magia era la palabra contenida en cada verso,
en tanto las mariposas en bandadas
apresuraban vuelo por calles de la Romana…
¡ florecía la tarde… cantaba la vida!
A veces la tertulia se trasladaba a otras orillas
que mi abuela en un halo de ternura manejaba
hasta Borinquén y me hablaba de Aguadilla,
la cuba de Martí, el poeta de Tepic Amado Nervo.
Las alas del mar se abrían iluminando el cosmos,
la palabra era velero que nos llevaba en ruedos
por toda América. ¡Oh Perú de Vallejo, Chile
en Neruda, Borges de Argentina!
Nuestra bandera a la vela adornada con una
gorda de botero enamorada de Venezuela
donde cantaba Eloy Blanco.
Indistintamente cambiaba la corriente, así
un ciclón del Caribe llamado Hostos nos batía
con fuerza de poesía y Fabio Fiallo junto a
Darío de Nicaragua gritaban en la quilla; ¡tierra, tierra!
Y era otra vez la tierra de Pedro Mir.
¡De nuevo en las Antillas!
Y eran otra vez las mariposas en bandadas
apresurando vuelo por calles de La Romana,
¡Florecía la tarde…cantaba la vida!
Debí decir que mi abuela en ensoñación
era quien Remaba la barca, encendía
veleros de arrebatos liricos;
“Tardes Irrepetibles”
don sin paralelos,
y ahora recita inolvidables poemas
por las calles del cielo.
¡En tanto las mariposas en bandadas
apresuran vuelo por calles de La Romana,
florecer de tardes…cantos de vida!
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