Me he dejado ganar por el poema y desde mi primer vuelo por la Égloga I de Garcilaso, he pasado a recrear lecturas pasadas, pero latentes sobre los mitos, el título de tu poema, las alusiones... Ir despertando textos, alguna vez leídos, me ha resultado muy ameno, pues han hecho de mi recorrido un trayecto fascinante. Leo y releo, descubriendo y explorando tu poema que me lleva a un análisis interno, personal. que es un auténtico viaje de descubrimiento. Una " Andalúcida", canto a canto, con toda la polisemia y valor referencial que despliega la palabra.
Gracias por leer y comentar. Me alegra que este poema te haya servido como punto de encuentro con lecturas de toda la vida. Me sorprende, eso sí, que cites precisamente la Égloga primera de Garcilaso. Saludos.
Creo que lo que hemos comentado otras veces es que a mí las asonancias no me malsuenan "casi" nunca y con lo del "casi" quiero decir que si son excesivas sí pueden producir un efecto reiterativo contraproducente, pero normalmente y en una dosis adecuada para nada me molestan.
Saludos.
Sí, lo hemos comentado. Lo malo es que una sola resonancia (dosis mínima) puesta en el lugar adecuado puede ser como una de esas cargas que al ser detonadas derrumban todo el edificio. A veces basta con una. Es como cuando se rompe un vaso de vidrio sin motivo aparente: se trata de una resonancia también, esta vez de tipo material. En Internet hay un vídeo de un puente sobre el mar que entra en resonancia mientras circulan coches sobre él. Terrible. Saludos.