Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la noche llega el eco
de lejanas voces, palabras
aisladas que trae el viento.
En la mesa una taza de café
amarga y tibia; siento
en los labios el sabor de la vida
que no ha sido endulzada,
como un lamento
de horas desperdiciadas.
En la noche de luz recortada
y profundo silencio,
relámpagos de memoria
habitan el recuerdo.
El cabello cano,
el pulso que tiemblo,
sabor que ha dejado en los labios
el paso del tiempo.
Gafas para leer
letras que cansan la vista.
Palabras de nuevo
que saben a tierno,
que no envejecieron.
Palabras de juventud eterna
que un día mis manos escribieron.
¡Qué lejos queda la vida
que en el camino hemos ido consumiendo!
Como la taza de café
se enfría el vivir en las manos.
Desdicha de conocer el tiempo
que nos hace humanos.
de lejanas voces, palabras
aisladas que trae el viento.
En la mesa una taza de café
amarga y tibia; siento
en los labios el sabor de la vida
que no ha sido endulzada,
como un lamento
de horas desperdiciadas.
En la noche de luz recortada
y profundo silencio,
relámpagos de memoria
habitan el recuerdo.
El cabello cano,
el pulso que tiemblo,
sabor que ha dejado en los labios
el paso del tiempo.
Gafas para leer
letras que cansan la vista.
Palabras de nuevo
que saben a tierno,
que no envejecieron.
Palabras de juventud eterna
que un día mis manos escribieron.
¡Qué lejos queda la vida
que en el camino hemos ido consumiendo!
Como la taza de café
se enfría el vivir en las manos.
Desdicha de conocer el tiempo
que nos hace humanos.
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