Jesus Arriaza
Poeta recién llegado
Siempre te decías simple,
Y yo en mi real simpleza,
siempre te pensé compleja,
Compleja como noche triste,
Como el suicidio de un poeta.
Aún repaso en mi cabeza,
El mapa que me hice de tus pecas,
Lunares, cicatrices y estrías,
Aquellas que tanto odiabas,
Aquellas que yo contaba, por el amor que les tenía.
Por entonces, me abrazabas cuando me veías,
Es curioso, o tal vez punzante,
En algún punto hasta sofocante,
Que ahora me ves, mientras te abrazo con la mirada,
Mientras te beso a la distancia,
Mientras te extraño a quemarropa.
No puedo decir que te olvidaré,
Que todo esto se ahogara en el amargo café,
Que morirán estas palabras entre las cenizas del cigarro,
Pero quien sabe, tal vez acepte con desgano,
Que las noches sean turbias,
Que ya no me emocionen las palabras tiernas,
Que el tabaco me esté asesinando,
Y que, sin ti, solo estaré contando,
Pecas, lunares, cicatrices y estrías,
De un cuerpo que se ha quedado en el pasado.
Y yo en mi real simpleza,
siempre te pensé compleja,
Compleja como noche triste,
Como el suicidio de un poeta.
Aún repaso en mi cabeza,
El mapa que me hice de tus pecas,
Lunares, cicatrices y estrías,
Aquellas que tanto odiabas,
Aquellas que yo contaba, por el amor que les tenía.
Por entonces, me abrazabas cuando me veías,
Es curioso, o tal vez punzante,
En algún punto hasta sofocante,
Que ahora me ves, mientras te abrazo con la mirada,
Mientras te beso a la distancia,
Mientras te extraño a quemarropa.
No puedo decir que te olvidaré,
Que todo esto se ahogara en el amargo café,
Que morirán estas palabras entre las cenizas del cigarro,
Pero quien sabe, tal vez acepte con desgano,
Que las noches sean turbias,
Que ya no me emocionen las palabras tiernas,
Que el tabaco me esté asesinando,
Y que, sin ti, solo estaré contando,
Pecas, lunares, cicatrices y estrías,
De un cuerpo que se ha quedado en el pasado.
Última edición: