Más que cruda verdad a la justicia,
como cumbre que aguarda a su bandera.
Es el eco que rompe la sordera.
Pasión llevada al borde que desquicia.
Más que la noche al alba cuando inicia,
como juego que el riesgo no pondera.
Mi desierto devora tu pradera
con un hambre de amor que luego vicia.
Un letargo y explosión en lazo estrecho,
tanto como el dolor me lo permite.
En tu espalda mis dedos al acecho.
Sin tiempo ni lugar que lo limite
el final de mi espera doy por hecho.
Deseo abrasador que no dimite.
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