Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te enterraré cuerpo mío
en un mundo de sueños,
entre la soledad de unas páginas.
Te guardaré entre el murmullo
de los grillos, en una noche.
Te enterraré
entre la neblina de un campo
para que llores
aquella lágrima ahogada,
sobre el suelo de un desierto
con sus dunas formando tus pensamientos,
entre la máscaras de un madero,
entre las memorias de su polilla.
Te guardaré de aquella mirada
que te embruja,
y te atare al alba del fantasma.
Te enterraré cuerpo descalzo
para que jamás
ya camines entre el valle de la sombras,
donde da lo mismo la paloma que el jilguero.
Te enterraré entre la serenidad
de un tibetano
y volaras oculto entre las alas
de la mariposa,
de manera que el zopilote no te coma,
sino que placido
sueñes libremente entre las nubes.
Te guardaré cuerpo mío
entre la tumba fría de un camposanto,
con un epitafio demacrado,
para que nadie sospeche
que ahí te hayas guardado
cuerpo mío,
perdona por este frío.
en un mundo de sueños,
entre la soledad de unas páginas.
Te guardaré entre el murmullo
de los grillos, en una noche.
Te enterraré
entre la neblina de un campo
para que llores
aquella lágrima ahogada,
sobre el suelo de un desierto
con sus dunas formando tus pensamientos,
entre la máscaras de un madero,
entre las memorias de su polilla.
Te guardaré de aquella mirada
que te embruja,
y te atare al alba del fantasma.
Te enterraré cuerpo descalzo
para que jamás
ya camines entre el valle de la sombras,
donde da lo mismo la paloma que el jilguero.
Te enterraré entre la serenidad
de un tibetano
y volaras oculto entre las alas
de la mariposa,
de manera que el zopilote no te coma,
sino que placido
sueñes libremente entre las nubes.
Te guardaré cuerpo mío
entre la tumba fría de un camposanto,
con un epitafio demacrado,
para que nadie sospeche
que ahí te hayas guardado
cuerpo mío,
perdona por este frío.