NiñaSanctuary
Poeta adicto al portal
Te escondo, a veces, hasta de mí.
La idea de liberarte, me asusta.
Quizás seas ese monstruo de mis pesadillas,
ó el ángel que me salva
y me lleva, entre sus alas,
a conocer el cielo, lejos de la monotonía.
Te oculto. Al borde de desconocerte,
aunque yo sienta saberte de antaño.
Al tiempo que este tiempo, me prohíbe
dejarme colapsar tras tu llamado,
vencerme, pese a las barreras de la mente
y verte, entonces, como ese hombre
que mi corazón, a su modo, ha confeccionado.
Detenido y postergado, te mantengo.
Aunque mis playas y recovecos
tengan ahora tu aroma.
Te he cubierto por temor a esa luz
que tú dominas
y que, con técnica perfecta,
para iluminar tus huellas, utilizas,
despertando el deseo de seguirlas
y querer volver... Volver!
Por un poquito más, de ti.
Te escondo. Sí, a menudo.
Pero no siempre es posible contenerte.
Escapándote, de repente, por la noche,
de mis anhelos te adueñas,
entre mis sueños, húmedos, te cuelas
y me seduces con la delicadeza
con la que seduce el dulce a un niño.
Sin el control, entonces, de mis emociones,
te tengo que dar cauce, río desbordado.
Por eso es que hoy, te atrapo
en los versos rebuscados de este poema;
por el alivio que siento al leerlo,
porque estás, claramente, entre sus versos enredado.
Estando tú, aquí adentro,
allá afuera, puedo dejar que sigan flotando tus caricias,
esas de las que me declaro presa,
y de esconderlas, a ellas,
cariño, mejor ni hablamos!
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