Nýcolas
Poeta asiduo al portal
Te espero, en el brillante día,
O en la cálida noche, te espero.
Porque te quiero te miro
Tal el enamorado mira a la luna,
Te abrazo como un Kraken
Y te aguardo como el mar,
Te contemplo como el río
Y te beso como el viento,
Y porque te quiero aquí te espero
Cual montaña,
Mientras mis pensamientos se perlan con la nieve,
Y mi corazón, late en su quietud bajo el ojo del huracán.
Puede que me haya caído del Cielo,
Mas no fue por mi Amor que me han echado
Si no más que por mi Razón; he visto allí,
Y te lo puedo asegurar, ángeles y querubinas
De lo más bello, y en jardines, la belleza total,
Pero nada más grande he visto que ti,
Mi pequeña, nada tan bello ni amoroso,
Nada tan tierno ni caluroso, como una fogata
En el invierno a orillas de una playa.
Puede que me haya caído del Cielo, sí,
Pero te puedo amar. Pues me descubrí,
Y te descubrí, que siempre te amé
Y siempre te amaré. Soy vida, eres vida,
Y ambos somos noche y día,
Y mi corazón te la bienvenida,
Mientras ambos, en eterno amor,
Escribimos con la sangre esta poesía.
Te espero, en el brillante día,
O en la cálida noche, te espero.
O en la cálida noche, te espero.
Porque te quiero te miro
Tal el enamorado mira a la luna,
Te abrazo como un Kraken
Y te aguardo como el mar,
Te contemplo como el río
Y te beso como el viento,
Y porque te quiero aquí te espero
Cual montaña,
Mientras mis pensamientos se perlan con la nieve,
Y mi corazón, late en su quietud bajo el ojo del huracán.
Puede que me haya caído del Cielo,
Mas no fue por mi Amor que me han echado
Si no más que por mi Razón; he visto allí,
Y te lo puedo asegurar, ángeles y querubinas
De lo más bello, y en jardines, la belleza total,
Pero nada más grande he visto que ti,
Mi pequeña, nada tan bello ni amoroso,
Nada tan tierno ni caluroso, como una fogata
En el invierno a orillas de una playa.
Puede que me haya caído del Cielo, sí,
Pero te puedo amar. Pues me descubrí,
Y te descubrí, que siempre te amé
Y siempre te amaré. Soy vida, eres vida,
Y ambos somos noche y día,
Y mi corazón te la bienvenida,
Mientras ambos, en eterno amor,
Escribimos con la sangre esta poesía.
Te espero, en el brillante día,
O en la cálida noche, te espero.