Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy no comprendí el vasto universo,
esas escayolas poseídas de luz,
colgando en la campiña indomable
de encharcada tiza oscura,
las pecas centelleantes esperando
su turno para montarse fugaz,
aferradas al crin de un deseo páramo,
al anhelo de un peregrino inmerso
en el laberinto de caminos soslayados.
Vi el desparramar de esporas sembrarse en luz
sobre el camposanto de la noche, eran burbujas
de oxigeno haciendo su acto brillante en el abismo.
Oscuro eran los verdes y quietas
las livianas alas de pájaros
rezando libertad para emigrar su vuelo,
y surcar el horizonte azafranado.
Las sombras hacían hermanos los colores,
todo era una sola piel, oscura y misteriosa.
Yo sentado casi inerte le di la mano a una roca,
y te pensé
Cómo sería elevarme hasta tu luz,
que tu resplandor mi invite a un paseo
sobre el lomo de la bruma, y me sostenga
en el albor de tus distantes ojos
que surfean el bóreas de las auroras.
Como duele no saber de ti
Vendrá el alba y los colores estirarán sus
dedos de clorofila, las gotas de rocío
endulzarán las hojas, entre melodías de aves
y tímidas brizas revoltosas.
Pero no sé si la dulzura de tu rostro
traspasará el avatar que me invita al sueño,
que se hace dueño de este árbol de ilusión
que se vuelve incertidumbre acobardando
mis leños.
No sé si vendrás, yo, solo te espero
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