Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
TE INVITO A TU FIESTA
Cómo hago,
qué fauces abriré,
de cuál color me valdré,
para dejarte a tí las transparencias?
Lo que caduca cada día en mi costado
e intenta enjuagar ciertas lágrimas
y se harta hasta lo máximo
de tu beatífica soledad de árbol?
Qué te ofrecería,
qué invención de mis cárceles dormidas
o de mis tediosos laboratorios
donde mi piel se escuda
y se fermenta
mirándote,
en ese otro abismo que circunda
tu luz irreal,
tu paz imberbe?
Qué traería hasta tu orilla;
yo apenas te miro y creo en los asombros,
yo apenas creo que en tu gota solitaria
se esconde todo el oceáno,
y las sales, y los barcos,
y los tranvías habituales que cruzan el sueño
que tú dormitas mientras visitas el país
de las auroras sonrosadas,
mientras lees anuncios de un mundo soberano,
y marchitas los cálices
que no hieren los ojos, ni los pies, ni las manos,
porque tú diriges el curso de la historia
y estás aquí con tu diadema silvestre
mordida entre tus labios,
como si me señalaras la lumbre escondida
al otro lado de las cosas.
Qué te ofrececría para iniciar la fiesta
que en tu honor he celebrado?
He convidado al sol, al eterno lucero,
a la lluvia translúcida
de tus claras pestañas.
En honor a mi amiga Tuti, compatriota y cómplice
de estos efluvios poéticos...
El autor.
Cómo hago,
qué fauces abriré,
de cuál color me valdré,
para dejarte a tí las transparencias?
Lo que caduca cada día en mi costado
e intenta enjuagar ciertas lágrimas
y se harta hasta lo máximo
de tu beatífica soledad de árbol?
Qué te ofrecería,
qué invención de mis cárceles dormidas
o de mis tediosos laboratorios
donde mi piel se escuda
y se fermenta
mirándote,
en ese otro abismo que circunda
tu luz irreal,
tu paz imberbe?
Qué traería hasta tu orilla;
yo apenas te miro y creo en los asombros,
yo apenas creo que en tu gota solitaria
se esconde todo el oceáno,
y las sales, y los barcos,
y los tranvías habituales que cruzan el sueño
que tú dormitas mientras visitas el país
de las auroras sonrosadas,
mientras lees anuncios de un mundo soberano,
y marchitas los cálices
que no hieren los ojos, ni los pies, ni las manos,
porque tú diriges el curso de la historia
y estás aquí con tu diadema silvestre
mordida entre tus labios,
como si me señalaras la lumbre escondida
al otro lado de las cosas.
Qué te ofrececría para iniciar la fiesta
que en tu honor he celebrado?
He convidado al sol, al eterno lucero,
a la lluvia translúcida
de tus claras pestañas.
En honor a mi amiga Tuti, compatriota y cómplice
de estos efluvios poéticos...
El autor.
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