Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Revisado
Al levantarte una mañana sientes
el amparo que dan las soledades
y que el gentío llena las ciudades
huérfanas de tus ríos y corrientes.
Y en vez de amanecer con tempestades
alimentas el cuerpo de tus fuentes,
mal nutres de tu vida los orientes
y te centras en ti y tus heredades.
Reniegas del rugido de las fieras,
del insistente olor a podredumbre,
de mártires quemados en hogueras,
de perjuros tomados por costumbre
y piensas que éstas no eran pues maneras
ni formas de alcanzar ninguna cumbre.
...y pides que te alumbre
otra luz, otro sol, otra mirada,
y entiendes que lo tuyo es todo y nada.
Original (con muchos fallos)
Te levantas una mañana y sientes
más cerca que nunca tus soledades.
El gentío que llena las ciudades
te alejan del río y sus corrientes.
Y en vez de amanecer a tempestades,
bebes de tu cuerpo y de sus fuentes,
mal nutres de tu vida los orientes
y te centras en ti y tus heredades.
Reniegas del rugido de las fieras,
del insistente olor a podredumbre,
de mártires quemados en la hoguera,
de perjuros tomados por costumbre,
y piensas que no eran éstas maneras
Ni formas de alcanzar ninguna cumbre.
...Y pides que te alumbre
otra luz, otro sol, otra mirada.
Ya sabes que tuyo es todo y nada.
Al levantarte una mañana sientes
el amparo que dan las soledades
y que el gentío llena las ciudades
huérfanas de tus ríos y corrientes.
Y en vez de amanecer con tempestades
alimentas el cuerpo de tus fuentes,
mal nutres de tu vida los orientes
y te centras en ti y tus heredades.
Reniegas del rugido de las fieras,
del insistente olor a podredumbre,
de mártires quemados en hogueras,
de perjuros tomados por costumbre
y piensas que éstas no eran pues maneras
ni formas de alcanzar ninguna cumbre.
...y pides que te alumbre
otra luz, otro sol, otra mirada,
y entiendes que lo tuyo es todo y nada.
Original (con muchos fallos)
Te levantas una mañana y sientes
más cerca que nunca tus soledades.
El gentío que llena las ciudades
te alejan del río y sus corrientes.
Y en vez de amanecer a tempestades,
bebes de tu cuerpo y de sus fuentes,
mal nutres de tu vida los orientes
y te centras en ti y tus heredades.
Reniegas del rugido de las fieras,
del insistente olor a podredumbre,
de mártires quemados en la hoguera,
de perjuros tomados por costumbre,
y piensas que no eran éstas maneras
Ni formas de alcanzar ninguna cumbre.
...Y pides que te alumbre
otra luz, otro sol, otra mirada.
Ya sabes que tuyo es todo y nada.
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