Josh Crivello
Nací un día en el que Dios estaba enfermo, grave.
Te veo, cada día. Me ves, día a día. Nos vemos entre albadas y crepúsculos. Nos vemos, siempre. Siempre tu mirada se conecta a la mía, un segundo, mil eternidades. Y es que no puedo evitar sentir como tu mirada acaricia mi alma, cada parpadeo tuyo es una tortura ingrata, ya que no me miras. Pero abres los ojos, y me ves. De nuevo, una y otra vez.