Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
mi mirada, razón de mi ceguera,
para que mires el tiempo que tardan
mis rodillas al doblar por las esquinas,
para que sientas lo difícil que es mirar
atreves de éstas gotas de salmuera
el piso azul de los fantasmas,
para que veas cómo veo el cristal
de la ventana estando atrás el horizonte,
para que conozcas, reposando la cabeza
en las palmas de las manos,
el color del dolor que nace de la falta
de tu aroma en mañanas,
el de las angustias,
el de mis ojos reflejados en la taza
del café que muere frío
en el desagüe en la cocina,
te presto, agua de azar, mi mirada
para que te veas cómo te veo
en la oscuridad de la soledad
de cada madrugada,
para que te veas sin regreso
ni condición ni cábala ni suerte,
para que te veas como te veo
en la distancia, entre la prisión
que hacen mis dedos cuando no te veo,
y mis ojos no me sirven para nada,
para que te sientas cómo presiento
que ya no regresas, cómo otro mes
con todos sus segundo, se ha hecho polvo.
Due® en una tarde en la que el calor le da permiso al viento para que refresque los olvidos que se toman el pie cuando uno les ha dado sólo la mano..
Nota 1 y única: le dice un guardia del estado mayor presidencial al señor Presidente; Señor, señor, en la barda de la residencia alguien ha escrito con orines; ¡Muera el presidente!
El presidente ordena, investiguen quien es el osado
Regresa la guardia presidencial y le dan el parte oficial; señor Presidente le tenemos una mala noticia y otra peor.
El presidente pide que le informen primero la mala.
El ADN corresponde a su secretario de Gobernación,
¿Y cuál es la peor? Pregunta el Don; la pésima es que la caligrafía es de su esposa.
Tssst.
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