kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
TE QUIERO COMO SE QUIEREN LAS LIBÉLULAS
Amanece.
Un inmenso horizonte nos contempla.
El sol arrebola sus faldas neonatas contra nuestro rostro,
mientras las dos golondrinas que anidan nuestras noches desde hace meses
nos observan con la ternura de un adiós.
Alzan y bajan su cuello rojizo calibrando el sextante
y levantan su vuelo de la uña de la veleta.
En la estela de su partida
danzan en su efímera eternidad
dos libélulas trenzadas por el amor de un día,
abanicando el espacio con sus finísimos papiros de pasión.
A la lumbre terrenal le quedan unos cuatro mil millones de primaveras;
las golondrinas no nos vuelven ya hasta el año que viene…,
y a las libélulas les quedan tan solo unas pocas horas.
No pretendo ser tu sol
ni someter mi amor a la tiranía de los calendarios;
solo quiero
quererte como se quieren las libélulas,
demostrando que el amaño del tiempo y su presunto movimiento
poco tienen que ver con el amor.
El amor se juega en la escala infinitesimal,
en el temblor de una inferencia orgásmica atemporal.
No existe el mañana,
el amor cuando es, lo es por un instante,
un instante que bien vale una vida.
Cariño,
¿has visto qué hermosura la luna disuelta?
De algo estoy seguro, compañera del alma,
y es que tú
Kalkbadan
En Madrid, 1 de agosto de 2015
Amanece.
Un inmenso horizonte nos contempla.
El sol arrebola sus faldas neonatas contra nuestro rostro,
mientras las dos golondrinas que anidan nuestras noches desde hace meses
nos observan con la ternura de un adiós.
Alzan y bajan su cuello rojizo calibrando el sextante
y levantan su vuelo de la uña de la veleta.
En la estela de su partida
danzan en su efímera eternidad
dos libélulas trenzadas por el amor de un día,
abanicando el espacio con sus finísimos papiros de pasión.
A la lumbre terrenal le quedan unos cuatro mil millones de primaveras;
las golondrinas no nos vuelven ya hasta el año que viene…,
y a las libélulas les quedan tan solo unas pocas horas.
No pretendo ser tu sol
ni someter mi amor a la tiranía de los calendarios;
solo quiero
quererte como se quieren las libélulas,
demostrando que el amaño del tiempo y su presunto movimiento
poco tienen que ver con el amor.
El amor se juega en la escala infinitesimal,
en el temblor de una inferencia orgásmica atemporal.
No existe el mañana,
el amor cuando es, lo es por un instante,
un instante que bien vale una vida.
Cariño,
¿has visto qué hermosura la luna disuelta?
De algo estoy seguro, compañera del alma,
y es que tú
y yo,
ahora,
en esta extraña inmensidad que nos rodea
lo somos
todo.
Kalkbadan
En Madrid, 1 de agosto de 2015
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