Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Fue así,
te dejé en la puerta del lugar de sanación,
ese lugar de creación de tu nueva vida,
tu nueva venida al mundo,
con la frescura y el dolor atrás, y yo lo vivo ahora sin ti,
sin recuerdos y con todos ellos, distante de mis manos,
repleta de misterios guardados en tu alma, cuando no dices nada,
o dijiste todo y no escuché nada,
o tu alma se volvió una guerra armada,
de palabras, dolores y ausencias,
cuando mi presencia hería tus silencios,
y se terminaban los simulacros, las risas,
las brisas de esa primera parte del año,
segundos contados con lugares amables que tuvimos que dejar atrás,
cuando pudimos reir,
estar juntos, sobrellevar el dolor con las risas de noche,
y la música era nuestra, una muestra del color que tuvimos,
que dejé en tu puerta cada madrugada,
y estas en la sanación,
sanatorio, en un reclinatorio rezando sin oraciones,
limpiando tus centenares de corazones, para tantos semejantes,
para dejar atrás tu vida,
la vid de tus días,
en escaleras que se convierten en peldaños, mientras duermes para curarte,
para econtrarte conmigo,
después de siglos,
antes de sigilos,
antes de nosotros.
te dejé en la puerta del lugar de sanación,
ese lugar de creación de tu nueva vida,
tu nueva venida al mundo,
con la frescura y el dolor atrás, y yo lo vivo ahora sin ti,
sin recuerdos y con todos ellos, distante de mis manos,
repleta de misterios guardados en tu alma, cuando no dices nada,
o dijiste todo y no escuché nada,
o tu alma se volvió una guerra armada,
de palabras, dolores y ausencias,
cuando mi presencia hería tus silencios,
y se terminaban los simulacros, las risas,
las brisas de esa primera parte del año,
segundos contados con lugares amables que tuvimos que dejar atrás,
cuando pudimos reir,
estar juntos, sobrellevar el dolor con las risas de noche,
y la música era nuestra, una muestra del color que tuvimos,
que dejé en tu puerta cada madrugada,
y estas en la sanación,
sanatorio, en un reclinatorio rezando sin oraciones,
limpiando tus centenares de corazones, para tantos semejantes,
para dejar atrás tu vida,
la vid de tus días,
en escaleras que se convierten en peldaños, mientras duermes para curarte,
para econtrarte conmigo,
después de siglos,
antes de sigilos,
antes de nosotros.