Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Tejemos sombras al caer la tarde,
hilos de ausencia, gritos contenidos;
bordamos ecos, murmullos perdidos,
y el tiempo ciego su dolor nos arde.
En cada sombra hay un suspiro leve,
una caricia que jamás se hizo.
La vida pasa con su breve hechizo,
y el alma gime, mas jamás se atreve.
Amamos todo con furor callado,
besamos sueños con labios de miedo;
el alma busca su refugio quedo,
pero se ahoga en su propio pecado.
La noche cae y las sombras murmuran, juegos de niebla en un vaivén constante.
El corazón se vuelve un vigilante,
y las estrellas en su luz susurran.
La vida es esto: un telar de anhelos,
un breve instante de amor infinito.
Tejiendo sombras, vamos al delito
de ser humanos bajo eternos cielos.
hilos de ausencia, gritos contenidos;
bordamos ecos, murmullos perdidos,
y el tiempo ciego su dolor nos arde.
En cada sombra hay un suspiro leve,
una caricia que jamás se hizo.
La vida pasa con su breve hechizo,
y el alma gime, mas jamás se atreve.
Amamos todo con furor callado,
besamos sueños con labios de miedo;
el alma busca su refugio quedo,
pero se ahoga en su propio pecado.
La noche cae y las sombras murmuran, juegos de niebla en un vaivén constante.
El corazón se vuelve un vigilante,
y las estrellas en su luz susurran.
La vida es esto: un telar de anhelos,
un breve instante de amor infinito.
Tejiendo sombras, vamos al delito
de ser humanos bajo eternos cielos.