En las pequeñas grietas
negras de la madera
se instala el ruido
de mis pies descalzos.
En las grietas,
como el polvo blando
se posa mi alma
cuando te ando buscando.
Arrulla mi pensamiento
el canto de tu canto
y mi frágil cuerpo
con el hierro dentro
se ata las sandalias
para ir a tu encuentro.
Sombra que me sigues
en el pecho atada,
no te hagas tan negra
que me cierras la entrada.
Hazme la acuarela
fresca y clara.
Píntame doncella,
ponme risa blanca,
tápame los pies,
adórname la cara,
para que tus ojos,
como otras madrugadas,
me cuenten cuentos
que me alcen la mirada.
Es un sueño de día,
pero con la luz velada;
los sueños se sueñan
rodeados de hadas.
Adiós a tu risa,
adiós a mi calma,
nunca quiero decirlo,
se me parte el alma.
Por eso mantengo
el cuaderno abierto
todas las mañanas,
para atraparte en mis versos,
en mis besos,
como las arañas.
negras de la madera
se instala el ruido
de mis pies descalzos.
En las grietas,
como el polvo blando
se posa mi alma
cuando te ando buscando.
Arrulla mi pensamiento
el canto de tu canto
y mi frágil cuerpo
con el hierro dentro
se ata las sandalias
para ir a tu encuentro.
Sombra que me sigues
en el pecho atada,
no te hagas tan negra
que me cierras la entrada.
Hazme la acuarela
fresca y clara.
Píntame doncella,
ponme risa blanca,
tápame los pies,
adórname la cara,
para que tus ojos,
como otras madrugadas,
me cuenten cuentos
que me alcen la mirada.
Es un sueño de día,
pero con la luz velada;
los sueños se sueñan
rodeados de hadas.
Adiós a tu risa,
adiós a mi calma,
nunca quiero decirlo,
se me parte el alma.
Por eso mantengo
el cuaderno abierto
todas las mañanas,
para atraparte en mis versos,
en mis besos,
como las arañas.