Marisa
Poeta adicto al portal
Viajando por estos insignificantes presagios,
he desplegado voluptuosa, la voz de mi conciencia
y se ha juzgado a mi alma, por mil bocas y labios,
Condenándola imprevisiblemente, a una injusta sentencia.
En el desaforado intento de sobrevivir, persiste el temor,
a la perdida, a la muerte, a la fragilidad de la inexistencia,
al dolor humano, a una pérfida negligencia,
que corrompe los destellantes sonidos del pavor.
Es la lucha encarnecida de la supervivencia
la intangible resistencia a no querer
abandonar este mundo y perecer
dejando el alma, que vaga perdida
buscando la ubicación de su propio ser.
Es la batalla de dos mundos, el tangible,
y en la otra esfera, la oscuridad suprema,
lo oculto y siniestro, lo intangible.
No busco la explicación, quizás no la encuentre,
no se, si ser y existir, será suficiente
para abandonar este mundo, sin necesidad de sufrir,
y poder resistir el absurdo miedo a la muerte.
he desplegado voluptuosa, la voz de mi conciencia
y se ha juzgado a mi alma, por mil bocas y labios,
Condenándola imprevisiblemente, a una injusta sentencia.
En el desaforado intento de sobrevivir, persiste el temor,
a la perdida, a la muerte, a la fragilidad de la inexistencia,
al dolor humano, a una pérfida negligencia,
que corrompe los destellantes sonidos del pavor.
Es la lucha encarnecida de la supervivencia
la intangible resistencia a no querer
abandonar este mundo y perecer
dejando el alma, que vaga perdida
buscando la ubicación de su propio ser.
Es la batalla de dos mundos, el tangible,
y en la otra esfera, la oscuridad suprema,
lo oculto y siniestro, lo intangible.
No busco la explicación, quizás no la encuentre,
no se, si ser y existir, será suficiente
para abandonar este mundo, sin necesidad de sufrir,
y poder resistir el absurdo miedo a la muerte.
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