IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Terror en mi pecho,
corazón que congela mis sentidos,
bienaventurados mis recuerdos
que por fin me han olvidado,
irónica y solemne compañía
que se me escurre de entre los dedos,
sangrando deseos,
fútil condena emancipada
por la penuria recurrente de los cielos,
comprendiendo la necesidad en la muerte,
castigo inacabado,
eterna agonía que vigoriza la clemencia,
de a poco nos oponemos al destino,
panorama de un tumulto silenciado,
aguantando la desesperación,
irritados, acomplejando toda soberbia,
divinidad del caos,
exclama entre noches
plenilunios de augurios viscerales,
sentenciando su fin,
y lentamente el anochecer palidece,
las estrellas se camuflan entre auroras,
se consume el bullicio de los mares,
secando
el dolor que alguna vez advirtió la sangre,
olvidando
la voracidad que indemne impartió temor,
se detiene el tiempo una vez más,
el arrepentimiento avanza,
y la mañana en su apogeo
se compadece con su cálida delicadeza
para confortar nuestra decidida templanza.
corazón que congela mis sentidos,
bienaventurados mis recuerdos
que por fin me han olvidado,
irónica y solemne compañía
que se me escurre de entre los dedos,
sangrando deseos,
fútil condena emancipada
por la penuria recurrente de los cielos,
comprendiendo la necesidad en la muerte,
castigo inacabado,
eterna agonía que vigoriza la clemencia,
de a poco nos oponemos al destino,
panorama de un tumulto silenciado,
aguantando la desesperación,
irritados, acomplejando toda soberbia,
divinidad del caos,
exclama entre noches
plenilunios de augurios viscerales,
sentenciando su fin,
y lentamente el anochecer palidece,
las estrellas se camuflan entre auroras,
se consume el bullicio de los mares,
secando
el dolor que alguna vez advirtió la sangre,
olvidando
la voracidad que indemne impartió temor,
se detiene el tiempo una vez más,
el arrepentimiento avanza,
y la mañana en su apogeo
se compadece con su cálida delicadeza
para confortar nuestra decidida templanza.
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