Arturo Ciorán
Poeta recién llegado
Quedó solo en la vereda.
Le han quitado la mirada de encima.
Mueve una pierna con nerviosismo.
Sus ojos me encuentran
y se le dibuja una sonrisa.
Extiende el nailon ajado,
y yo meneo la cabeza.
Él insiste.
Su boca sonríe
pero sus ojos no.
No tiene a nadie en derredor.
En otra madrugada remota
nos hallamos dentro del auto,
aparcado al margen de una plazoleta.
Se ha convertido en una
tenaz criatura nocturna
y, como tal, me ofrece la esquina
de una tarjeta PVC.
Me inclino hacia ese recoveco
e inhalo.
Me retrepo
y no siento nada.
Y él me mira
y se encuentra satisfecho
por nada.
Le han quitado la mirada de encima.
Mueve una pierna con nerviosismo.
Sus ojos me encuentran
y se le dibuja una sonrisa.
Extiende el nailon ajado,
y yo meneo la cabeza.
Él insiste.
Su boca sonríe
pero sus ojos no.
No tiene a nadie en derredor.
En otra madrugada remota
nos hallamos dentro del auto,
aparcado al margen de una plazoleta.
Se ha convertido en una
tenaz criatura nocturna
y, como tal, me ofrece la esquina
de una tarjeta PVC.
Me inclino hacia ese recoveco
e inhalo.
Me retrepo
y no siento nada.
Y él me mira
y se encuentra satisfecho
por nada.