Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
TENERTE BAJO LA LLUVIA
Cómo he querido poseerte bajo la lluvia; saber que una misma agua fría nos toca a los dos y nos sumerge, deletrando los ostracismos, las maneras puntuales de parecer quiños, lava hirviente que el mar penetra.
Conocer la hondura de tu cuerpo es igual que agitar un régimen no duradero de espera. Convertir aire en sopor de tierra recién húmeda,cavar la arena que persistiendo en tu playa, se constituye en simiente, en hilos de tu piel dormida y serena.
¿A que sabrán tus labios bajo la lluvia?,y tu abrazo,
¿será inundación para siempre memorable?, y tus ojos, ¿guardaràn la delicia humecta de tus pestañas?, ¿el requiebro que a la hora del rencor acaso nos separe?; conciencia igualitaria forjando ripios de amargas palabras que duelen, aún en la memoria.
Pienso que sólo me hablarías en goteos de llovizna, me dirías algo así rudo o contrario como rayo o centella, y yo me alejaría bajando de mi pleamar, con esa manera adusta, de ser solo un recuerdo en tu libro de fastuosos temporales.
Ajenos los dos, por último, no sabré si escampará cuando te vayas y me deje anegado todo tu invierno.
Prosa Inédita amorosa, 1.993-1.998
Cómo he querido poseerte bajo la lluvia; saber que una misma agua fría nos toca a los dos y nos sumerge, deletrando los ostracismos, las maneras puntuales de parecer quiños, lava hirviente que el mar penetra.
Conocer la hondura de tu cuerpo es igual que agitar un régimen no duradero de espera. Convertir aire en sopor de tierra recién húmeda,cavar la arena que persistiendo en tu playa, se constituye en simiente, en hilos de tu piel dormida y serena.
¿A que sabrán tus labios bajo la lluvia?,y tu abrazo,
¿será inundación para siempre memorable?, y tus ojos, ¿guardaràn la delicia humecta de tus pestañas?, ¿el requiebro que a la hora del rencor acaso nos separe?; conciencia igualitaria forjando ripios de amargas palabras que duelen, aún en la memoria.
Pienso que sólo me hablarías en goteos de llovizna, me dirías algo así rudo o contrario como rayo o centella, y yo me alejaría bajando de mi pleamar, con esa manera adusta, de ser solo un recuerdo en tu libro de fastuosos temporales.
Ajenos los dos, por último, no sabré si escampará cuando te vayas y me deje anegado todo tu invierno.
Prosa Inédita amorosa, 1.993-1.998
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