José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
TENGO QUE TELEFONEAR AL SEÑOR DEL BOMBÍN NEGRO…
Tengo que telefonear al señor del bombín negro que vi el otro día jugando al ajedrez, quería comprarme mi camisa de cuadros azules y blancos, que utilicé en la muerte del señor Eladio, dice que le gustan los cuadros y no le importa que la viera puesta don Eladio el día de su viaje al Parnaso cuando todos los poetas vivos pedían a gritos la muerte, la suya, la de don Eladio y tanto la desearon que ayer fue su óbito y sus ojos me miraron después de muerto y creí que quería decirme algo, pero algo de qué, no sería que se había dejado la luz de la cocina encendida o el gas de la cocina abierto, era un hombre muy despistado, iba todo el día corriendo con el carajo arrastrando y la lengua seca dejando el parquet lijado al paso por la despensa.
Tengo que telefonear al señor del bombín negro que vi el otro día jugando al ajedrez, quería comprarme mi camisa de cuadros azules y blancos, que utilicé en la muerte del señor Eladio, dice que le gustan los cuadros y no le importa que la viera puesta don Eladio el día de su viaje al Parnaso cuando todos los poetas vivos pedían a gritos la muerte, la suya, la de don Eladio y tanto la desearon que ayer fue su óbito y sus ojos me miraron después de muerto y creí que quería decirme algo, pero algo de qué, no sería que se había dejado la luz de la cocina encendida o el gas de la cocina abierto, era un hombre muy despistado, iba todo el día corriendo con el carajo arrastrando y la lengua seca dejando el parquet lijado al paso por la despensa.