ojicafes
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tentación.
Nos encontramos a solas, acaricié sus manos,
su color era de una oscura y viva nieve.
Sobre su pecho dormido tomé una naranja helada,
era una noche de invierno, tiritaba de frío,
suplicaba en silencio un cálido abrigo,
su gelidez cedió, la disipé con mi piel
ella se moría.
Templados, a punto de fuego se hizo la hoguera,
momento cumbre, sin mirar, sin aliento,
no había miradas en ese momento,
cegados nos olvidamos del mundo.
Culminada la brega, de sus ojos emanó el brillo:
una porosa vista de oro iluminó aquel instante,
imborrable momento era su vez primera
fruto madurado a su tiempo
¡juventud en primavera!
Tentados y en la osadía hicimos el amor esa noche,
teñido de su sangre preciosa quedó tirado en el suelo
un pañuelo sediento llamado deseo.
Geber Humberto Pérez Ulín.
Nos encontramos a solas, acaricié sus manos,
su color era de una oscura y viva nieve.
Sobre su pecho dormido tomé una naranja helada,
era una noche de invierno, tiritaba de frío,
suplicaba en silencio un cálido abrigo,
su gelidez cedió, la disipé con mi piel
ella se moría.
Templados, a punto de fuego se hizo la hoguera,
momento cumbre, sin mirar, sin aliento,
no había miradas en ese momento,
cegados nos olvidamos del mundo.
Culminada la brega, de sus ojos emanó el brillo:
una porosa vista de oro iluminó aquel instante,
imborrable momento era su vez primera
fruto madurado a su tiempo
¡juventud en primavera!
Tentados y en la osadía hicimos el amor esa noche,
teñido de su sangre preciosa quedó tirado en el suelo
un pañuelo sediento llamado deseo.
Geber Humberto Pérez Ulín.