Nadie escribe
Poeta recién llegado
Ya me cansé de escribir atrocidades
y que yo, y a mí, y que me, y todo el yo.
Pareciera que con la poesía es todo así
que su naturaleza es el yo, porque sí
porque está en un libro de secundaria
porque lo cuentan en la universidad.
Todos saben más que yo,
no sienten distinto
es la esencia que no tocan,
el brillo que de su boca se ha esfumado
cambiado por letras que le sientan,
que le recuerdan, que no es tan frágil,
le repiten, como nuestra memoria.
Si me examino, si me leo, veo que
a veces no hablo ¡y extraño tanto hablar!
quizás por eso el yo y el me y sobretodo el mí.
Desespera tanto no leerse en otros,
estar perdido en uno, lejos de la memoria,
eso angustia, eso escribe y plasma.
Si tengo que escribir de mí, solo diría,
Oh madre, he sido un idiota y también un imbecil.
Pienso seriamente en mis errores y creo
que triste mi esencia, no errar,
sino mezclarlo con hipocresía, con cierto
toque de maldad, una dosis de lujuria,
un prefacio de bondad, y un camino que redime
con parches, con momentos,
entre un mar de fotos borrosas.
Martirio, un haz de luz que se asoma
afuera y me trastorna, salir y escapar, contemplar,
dejar la construcción que me obliga
que me da este techo, mientras
retribuye con fantasmas del yo, que acaso
también se pierden en este estrecho camino
entre las sábanas y el living,
entre el sillón y la puerta,
entre el patio y las nubes.
¿Que hay más allá? escucho cantos,
veo un pajarito asearse en mi ventana,
unas gotas caen y le limpian las alas,
se va y no vuelve, y las gotas dejan de caer.
Otro retorna más obsesivo,
y afuera de pronto llueve más fuerte.
Oh madre, he sido un tonto,
un herido perdido a propósito,
un malgastador de sales.
y que yo, y a mí, y que me, y todo el yo.
Pareciera que con la poesía es todo así
que su naturaleza es el yo, porque sí
porque está en un libro de secundaria
porque lo cuentan en la universidad.
Todos saben más que yo,
no sienten distinto
es la esencia que no tocan,
el brillo que de su boca se ha esfumado
cambiado por letras que le sientan,
que le recuerdan, que no es tan frágil,
le repiten, como nuestra memoria.
Si me examino, si me leo, veo que
a veces no hablo ¡y extraño tanto hablar!
quizás por eso el yo y el me y sobretodo el mí.
Desespera tanto no leerse en otros,
estar perdido en uno, lejos de la memoria,
eso angustia, eso escribe y plasma.
Si tengo que escribir de mí, solo diría,
Oh madre, he sido un idiota y también un imbecil.
Pienso seriamente en mis errores y creo
que triste mi esencia, no errar,
sino mezclarlo con hipocresía, con cierto
toque de maldad, una dosis de lujuria,
un prefacio de bondad, y un camino que redime
con parches, con momentos,
entre un mar de fotos borrosas.
Martirio, un haz de luz que se asoma
afuera y me trastorna, salir y escapar, contemplar,
dejar la construcción que me obliga
que me da este techo, mientras
retribuye con fantasmas del yo, que acaso
también se pierden en este estrecho camino
entre las sábanas y el living,
entre el sillón y la puerta,
entre el patio y las nubes.
¿Que hay más allá? escucho cantos,
veo un pajarito asearse en mi ventana,
unas gotas caen y le limpian las alas,
se va y no vuelve, y las gotas dejan de caer.
Otro retorna más obsesivo,
y afuera de pronto llueve más fuerte.
Oh madre, he sido un tonto,
un herido perdido a propósito,
un malgastador de sales.