Pedro Rojas
Poeta recién llegado
La mañana dominguera está desprovista de su seductora cotidianidad,
más bien, diría: cuanto quiero no ser parte de este nuevo amanecer,
o, por lo menos, mentirle al rumbo instaurado por quien sabe quién.
Mis pies no dejan de advertir el álgido clima, y, la humedad densa
del aguacero nocturno, se hace presente como alegoría al pesaroso acontecer.
Solo la amargura de un café y el bálsamo que infiere despedir la palabra,
acompañan, con cierta reserva, mi ostensible cosecha, mi destino intencional.
más bien, diría: cuanto quiero no ser parte de este nuevo amanecer,
o, por lo menos, mentirle al rumbo instaurado por quien sabe quién.
Mis pies no dejan de advertir el álgido clima, y, la humedad densa
del aguacero nocturno, se hace presente como alegoría al pesaroso acontecer.
Solo la amargura de un café y el bálsamo que infiere despedir la palabra,
acompañan, con cierta reserva, mi ostensible cosecha, mi destino intencional.