Ricardo Alvarez
Poeta que considera el portal su segunda casa
I
Cruje la entraña
Famélica
Nutrición que no abarca
Lindes del hambre,
La boca esquelética
Llora por el ombligo
La panza esmirriada
Flujo hemolítico
Flauta muda
Sin agujeros
Clausura completa
Al sonar de tambor
Digiere la tripa
Espina de pez muerto
Sobras de puertos hastiados
Balance de averno.
II
La voz desangra
Émbolos activos
Osamentas transparentes
Resisten al nicho
Llagados pies de invierno
Sobre témpanos del piso
Cartones por cobijas
Al hueso doliente irritan
Carne magra
Disección de anatomía
El ser capta
Carroña fétida
Lirios pútridos
Rayan confines
Más cerca del cenotafio
Que de jardines y cultivos
III
Parpados indiferentes
Soslayan al objeto.
El etilismo calma
Cruel realidad del sujeto
Como morfina disuelta
En lágrima vana
Blasón opulento
Pompa fetiche
Ciega báscula
Se inclina al oro
El gemir apaga
Con tronar de plomo
Recogen hilos de silencio
Pupitres leguleyos
La moneda financia
Soles del Trópico
III
La oferta
Se camufla entre ruidos
Palacios opulentos
Incrementan tesoros
Cristales sin ofrenda
La silueta suda
Sangre de vestigio
Al vidrio ofrecen
Antesala de muerte.
Escasez de leche
Bodegas huecas amamantan
Vasallos advenedizos
Malas noticias para el sordo
La perorata se burla
Difunde color esperanza
En telarañas de quimeras.
Lenguas aceradas
Iteran aleves discursos
Tapices no ocultan
El trueno del gemido
Todo llanto de cocodrilo
Al súbdito
Bajo el alfeizar tejido
Y más allá del pavimento
Colmenares envestidos
Encolerizan el fuego
Masas en rebelión
Erguida suman más recluidos.
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LA PLUMA y LA PIEDRA
Esta pluma que sangra y gorgotea
tiene la fuerza del viento contra la piedra.
Es una daga de filo que no balbucea
forjada al mineral Vulcano corta como el acero.
Herencia del tiempo de tigres con sables
en la era que la nieve cubría el planeta.
Rayaba trazos en dura envestida a las rocas
forjando su templanza hasta el límite del hierro.
Más sumergida en la lenidad del estambre
su puño es una flor que distiende acuarelas.
Traza figura dentelladas de orcas
en el estrado de aturdidos necios.
Para ellos el poder de la hoja rígida en la prosa
y a los amores un cálido jazmín bullendo en el alma.
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