Terrorismo alimentario.
Cocinados, se exhiben estos platos
de bebida dulzona y espumante,
la química es aporte dominante
que consigue sabor y olor baratos.
Hay otros, para ricos mentecatos
que buscan su estrellado restaurante
y el rincón donde un docto practicante
ofrece fantasías a pazguatos.
Son los de embuche para tragaldabas
los rellenos de magros mantecosos,
que engrasan los caminos de las babas.
Y en especies, también hay generosos
que a las sobras añaden unas habas
acallando los vientres más ruidosos.
Amadeo.
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