TARDE GRIS
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las fábulas que inventé donde siempre
encontraba una moraleja,
no fueron mi historia,
he sido testigo del infortunio
donde los abrigos del verano- no entibiaron mi alma congelada como roca.
Las valijas se llenaron de oquedad,
los instantes se fueron como tromba evadida
en un vertiginoso cielo azul.
Y tu huella, ha desaparecido.
El corazón añora ser rehén
de un sentimiento,
pero su sentencia es negra y,
trizado, recibe vacilante el último tiro;
muere entre destellos arrancados
cayendo al vacío
en lentas sacudidas husmeando
la hierba,
dejando el testimonio de un
amor fallido, palideciendo
al subir la escalera del olvido.
Blanca N. García González
Tarde Gris
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