Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Yo los vi
en algún tiempo y en algún lugar
cuando al despuntar el alba las masas cobran vida
y las azucenas pintan de gloria al sol.
Los vi con sus menudos pies fríos y alados
aún con los estómagos vacíos
recorrer la tierra desnuda con la apuración del alma.
Juntaron sus manos morenas, los unos con ojos abiertos
los otros con los ojos cerrados.
Sus voces levantaban las "Avesmarías" de rigor
e inundando el lugar con murmullos al unísono
trataban de convencer a sus amados santos de piedra caliza
a fuerza de rezos y surcos mojados de sus frentes.
Las gargantas desgarraron cantos a miel
los rostros huesudos gesticulaban perdidos
y las cuentas de los rosarios eran gacelas que corrían prestas.
Entre cejas, se tejían con milagros blancas frazadas
para cubrir con ellas seguros y amorosos
los cuerpos vírgenes de los críos que esperan hambrientos.
Yo lo vi y de eso, solo fui mudo testigo
©
en algún tiempo y en algún lugar
cuando al despuntar el alba las masas cobran vida
y las azucenas pintan de gloria al sol.
Los vi con sus menudos pies fríos y alados
aún con los estómagos vacíos
recorrer la tierra desnuda con la apuración del alma.
Juntaron sus manos morenas, los unos con ojos abiertos
los otros con los ojos cerrados.
Sus voces levantaban las "Avesmarías" de rigor
e inundando el lugar con murmullos al unísono
trataban de convencer a sus amados santos de piedra caliza
a fuerza de rezos y surcos mojados de sus frentes.
Las gargantas desgarraron cantos a miel
los rostros huesudos gesticulaban perdidos
y las cuentas de los rosarios eran gacelas que corrían prestas.
Entre cejas, se tejían con milagros blancas frazadas
para cubrir con ellas seguros y amorosos
los cuerpos vírgenes de los críos que esperan hambrientos.
Yo lo vi y de eso, solo fui mudo testigo
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