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Texas

Lírico.

Exp..
Texas

En aquel territorio de frontera,
todo era límite;
inédita antesala;
propíleo enrarecido;
umbral ensimismado en su costumbre.

Inmenso llano donde la pobreza
lavaba sus harapos
a la orilla del crimen,
y donde el crimen era
blanco galán del vicio;
chupacabras que desolla
a la pobreza por cañaverales.

Aquí y allá, mesquites,
como adustas atalayas de ceniza,
surtiendo el negro salmo
de un ruiseñor enfermo.
La noche, una jauría
de perros cimarrones
rondando la carroña de este mundo.

Y sin embargo,
un tiempo desdoblado,
como un colador donde la vida
se escurría entre la muerte.
Como si vida y muerte
fueran cantando juntas
de la mano
alguna letanía hecha de espinos.

Círculo extrañamente luminoso.
Balance ejercitado por la luz
en charca ensombrecida por el limo.
El renovado ciclo se dilata
en los ojos sin pupilas
de un niño devorando la semilla
del chile salvaje.

Vida y muerte,
como una moneda echada al aire
por la mano del tiempo.
Límite de plata
que en sí mismo se encuentra limitado.
Frontera de fronteras
que al infinito escapa
y echa a rodar más tiempo
todavía
bajo el azul blindado de aquel cielo;
un cielo
de perfecto
lubricán,
que en sí mismo contiene
incontenible eternidad en fuga.
 
Última edición:
Texas

En aquel territorio de frontera,
todo era límite;
inédita antesala;
propíleo enrarecido;
umbral ensimismado en su costumbre.

Inmenso llano donde la pobreza
lavaba sus harapos
a la orilla del crimen,
y donde el crimen era
blanco galán del vicio;
chupacabras que desolla
a la pobreza por cañaverales.

Aquí y allá, mesquites,
como adustas atalayas de ceniza,
surtiendo el negro salmo
de un ruiseñor enfermo.
La noche, una jauría
de perros cimarrones
rondando la carroña de este mundo.

Y sin embargo,
un tiempo desdoblado,
como un colador donde la vida
se escurría entre la muerte.
Como si vida y muerte
fueran cantando juntas
de la mano
alguna letanía hecha de espinos.

Círculo extrañamente luminoso.
Balance ejercitado por la luz
en charca ensombrecida por el limo.
El renovado ciclo se dilata
en los ojos sin pupilas
de un niño devorando la semilla
del chile salvaje.

Vida y muerte,
como una moneda echada al aire
por la mano del tiempo.
Límite de plata
que en si mismo se encuentra limitado.
Frontera de fronteras
que al infinito escapa
y echa a rodar más tiempo
todavía
bajo el azul blindado de aquel cielo;
un cielo
de perfecto
lubricán,
que en si mismo contiene
incontenible eternidad en fuga.
Un intenso planteamiento en ese espacio donde la dureza vital es
reconversion de modelos vividos. la vida y la muerte, frontera de
un juego que apropia del ciclo enmarcado por esa vida aceptada
y sufrida. excelente. saludos amables de luzyabsenta
 
Gracias. Hacía tiempo que no te veía. Todo un placer de nuevo.

Saludos
Muy agradecido por la cordialidad de tu respuesta. Hay poesias que se merecen el reflejo de la atenta
reflexion y lectura precisa, pienso que es el caso de esta obra. por ello releo de nuevo para establecerme
y encontrarme mejor entre sus espacios que son emocion lectora. saludos amables de luzyabsenta
 
Muy agradecido por la cordialidad de tu respuesta. Hay poesias que se merecen el reflejo de la atenta
reflexion y lectura precisa, pienso que es el caso de esta obra. por ello releo de nuevo para establecerme
y encontrarme mejor entre sus espacios que son emocion lectora. saludos amables de luzyabsenta
Gracias de nuevo por tu generosidad.

Saludos
 
Texas

En aquel territorio de frontera,
todo era límite;
inédita antesala;
propíleo enrarecido;
umbral ensimismado en su costumbre.

Inmenso llano donde la pobreza
lavaba sus harapos
a la orilla del crimen,
y donde el crimen era
blanco galán del vicio;
chupacabras que desolla
a la pobreza por cañaverales.

Aquí y allá, mesquites,
como adustas atalayas de ceniza,
surtiendo el negro salmo
de un ruiseñor enfermo.
La noche, una jauría
de perros cimarrones
rondando la carroña de este mundo.

Y sin embargo,
un tiempo desdoblado,
como un colador donde la vida
se escurría entre la muerte.
Como si vida y muerte
fueran cantando juntas
de la mano
alguna letanía hecha de espinos.

Círculo extrañamente luminoso.
Balance ejercitado por la luz
en charca ensombrecida por el limo.
El renovado ciclo se dilata
en los ojos sin pupilas
de un niño devorando la semilla
del chile salvaje.

Vida y muerte,
como una moneda echada al aire
por la mano del tiempo.
Límite de plata
que en si mismo se encuentra limitado.
Frontera de fronteras
que al infinito escapa
y echa a rodar más tiempo
todavía
bajo el azul blindado de aquel cielo;
un cielo
de perfecto
lubricán,
que en si mismo contiene
incontenible eternidad en fuga.
Tu descripción me provoca sequedad en la garganta. Un abrazo, Carlos.
 

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