isabel rodriguez
Poeta asiduo al portal
Te puse un nombre lleno de sombras,
ojerizo
como una copa en la madrugada.
Tenías la carne muda de huesos,
la piel oliendo a lluvia
y el corazón cansado
de tanto usarlo.
Sondeando un poco más tu cuerpo
me hice mujer entre tus manos,
abandoné la magia
de ser un poco niña entre tus dedos.
Te violé,
te asalté,
te mostré
como nacen los días
a mi manera,
como se escupe
a los llantos.
Quería conocer el mundo y sus delirios,
la forma con que se ataja
la perdurabilidad de la tristeza
cuando mis venas bombean
sangre y bilis,
alcohol y hambre.
Ahora eyaculo memorias
que no tienen fecha
y sobre la puerta
me observa
en la estatua de palas
sentada la conciencia.
Pongo mi voz en la mirilla
y tu asaltas mi garganta.
Y tengo que huir,
huir de ti
como se huye de la tormenta.
Salir,
esperar el nuevo día,
un nuevo asalto
con la cabeza metida
entre las piernas.
ojerizo
como una copa en la madrugada.
Tenías la carne muda de huesos,
la piel oliendo a lluvia
y el corazón cansado
de tanto usarlo.
Sondeando un poco más tu cuerpo
me hice mujer entre tus manos,
abandoné la magia
de ser un poco niña entre tus dedos.
Te violé,
te asalté,
te mostré
como nacen los días
a mi manera,
como se escupe
a los llantos.
Quería conocer el mundo y sus delirios,
la forma con que se ataja
la perdurabilidad de la tristeza
cuando mis venas bombean
sangre y bilis,
alcohol y hambre.
Ahora eyaculo memorias
que no tienen fecha
y sobre la puerta
me observa
en la estatua de palas
sentada la conciencia.
Pongo mi voz en la mirilla
y tu asaltas mi garganta.
Y tengo que huir,
huir de ti
como se huye de la tormenta.
Salir,
esperar el nuevo día,
un nuevo asalto
con la cabeza metida
entre las piernas.