Desde mis ojos, veo correr tranquila el agua, mansa, :S:Sdiáfana, dejando advertirse caracoles claros tras imágenes de verde que espontáneos dan los arboles en formas que reflejan vida, sobre el agua peces que fluyen en oriente y siento el aire que me trae olor a flores, que me atrapan los recuerdos
Tantos años, en el río estoy sentado y mis talones humedece el agua como mis recuerdos, como mis pupilas, ante el canto del cenzontle lloro, los sentidos me aprisionan, entre el vuelo de aire se impregnó de aquel sonido de sutil romanza que en guitarra me acuchilla el alma con quejidos, con lamentos.
sobre la vereda, al frente, los sonidos salen de una choza ¿abandonada?... me deleitan estas notas como arpegios, y recuerdo entonces mis conciertos y en la flauta está mi amada, cuantos escenarios, cuantos aplausos convertidos en emociones, y aunque ahogado en llanto, corro la vereda y caigo me levanto insisto y entre más, aquel camino se hace largo no sospecho que sucede y solamente corro, pues la música que alimenta mi alma, la escucho cerca y pronto, muy lejana se me escapa y corro, más jadeante mi cansado pecho con sonidos guturales que dibujan muerte, me detengo caigo boca arriba, y en el cielo están los pinos con las aves circunvuelan sus siluetas, ya no alcanzo a percibir la melodía, - ¡estoy muriendo! pienso.
- Es lo mejor pues vago siempre solo, - mundo cruel que ya no quiero, ya no me quiere las imágenes se asoman en mi mente y el recuerdo me martiriza.
-
Una luz me alumbra justo en la curva, disminuyo la velocidad y alcanzo a ver salir por mi carril un carro grande a toda velocidad no logro descifrar mi instinto por lo que suelto el volante con resignación, los gritos de mis dos hijas y mi esposa me taladran el consciente, como velo de película las veo muertas con sus cuerpos destrozados, momento en que la vida se apiada de mí y me desmayo, me levanto, y aquella música me llama,
Arpegios de mi guitarra que no toco por años, melodía de una flauta que mi amada muerta ya no interpreta y a la vez escucho sus voces que no sé si son en mi cerebro o muy lejos, en otra dimensión.
Tambaleante deseo alcanzar esa música que tantos recuerdos me provoca, tantos años vagando sin sentido, acumulo mugre en mis manos en mi cuerpo en mis sentidos, sigo mi camino dando tumbos como sombra maltratada, mis raídas ropas, mi largo y enmarañado sucio pelo, me pintan tiempo en meditación y ayuno, la música está cerca, enfrente de mí se encuentra la puerta de la choza, no lo pienso y me introduzco raudo sintiendo que tal vez este es mi descanso.
En efecto, envolvió la música mi alma y mi cuerpo se libera, a lo largo del terreno allá en la carretera estamos muertos, entre caras de sorpresas y montones de curiosos se encapsula el tiempo de pensar. :::sorpresa1:::
Tantos años, en el río estoy sentado y mis talones humedece el agua como mis recuerdos, como mis pupilas, ante el canto del cenzontle lloro, los sentidos me aprisionan, entre el vuelo de aire se impregnó de aquel sonido de sutil romanza que en guitarra me acuchilla el alma con quejidos, con lamentos.
sobre la vereda, al frente, los sonidos salen de una choza ¿abandonada?... me deleitan estas notas como arpegios, y recuerdo entonces mis conciertos y en la flauta está mi amada, cuantos escenarios, cuantos aplausos convertidos en emociones, y aunque ahogado en llanto, corro la vereda y caigo me levanto insisto y entre más, aquel camino se hace largo no sospecho que sucede y solamente corro, pues la música que alimenta mi alma, la escucho cerca y pronto, muy lejana se me escapa y corro, más jadeante mi cansado pecho con sonidos guturales que dibujan muerte, me detengo caigo boca arriba, y en el cielo están los pinos con las aves circunvuelan sus siluetas, ya no alcanzo a percibir la melodía, - ¡estoy muriendo! pienso.
- Es lo mejor pues vago siempre solo, - mundo cruel que ya no quiero, ya no me quiere las imágenes se asoman en mi mente y el recuerdo me martiriza.
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Una luz me alumbra justo en la curva, disminuyo la velocidad y alcanzo a ver salir por mi carril un carro grande a toda velocidad no logro descifrar mi instinto por lo que suelto el volante con resignación, los gritos de mis dos hijas y mi esposa me taladran el consciente, como velo de película las veo muertas con sus cuerpos destrozados, momento en que la vida se apiada de mí y me desmayo, me levanto, y aquella música me llama,
Arpegios de mi guitarra que no toco por años, melodía de una flauta que mi amada muerta ya no interpreta y a la vez escucho sus voces que no sé si son en mi cerebro o muy lejos, en otra dimensión.
Tambaleante deseo alcanzar esa música que tantos recuerdos me provoca, tantos años vagando sin sentido, acumulo mugre en mis manos en mi cuerpo en mis sentidos, sigo mi camino dando tumbos como sombra maltratada, mis raídas ropas, mi largo y enmarañado sucio pelo, me pintan tiempo en meditación y ayuno, la música está cerca, enfrente de mí se encuentra la puerta de la choza, no lo pienso y me introduzco raudo sintiendo que tal vez este es mi descanso.
En efecto, envolvió la música mi alma y mi cuerpo se libera, a lo largo del terreno allá en la carretera estamos muertos, entre caras de sorpresas y montones de curiosos se encapsula el tiempo de pensar. :::sorpresa1:::