TIEMPO DESMEMORIADO
Soy capaz de amar
en el caos y la decadencia
de este mundo fantasmagórico
que emerge lentamente;
soy solo un suicida mas
que está enfrentando a la muerte
sudando estático
con el arma entre las manos
escuchando las quejas del pensamiento
mientras todo cae en la inercia
del tiempo y el infinito
en su lucha eterna
por reclamar los cuerpos de los caídos;
ángeles y hombres
movidos por el mismo sentimiento
queriendo conquistar mundos desconocidos
tomar las almas de los inocentes,
me siento enfermo de espera
encerrado
caigo en la espesura del universo
en el espacio infinito de voces ajenas
tejiendo un ruido
que apacigue esta eternidad
nacida de un deseo
que nunca quise,
que ya ha quedado atrás.
Al reflejo de la luz
sobre el espejo de agua
miro la sombra descalza
que ha transitado en silencio
los umbrales del dolor;
laberintos y escaleras
destinos que yacen rotos
el viento trae el olor
del fuego que se consume,
las almas huyen al cielo
cuando se quema su piel
y se desprenden sus alas
se desfiguran sus caras;
las pústulas de mis manos
quisieron tocar el sol
envuelto en luces distantes
que no debieron tocar;
al consumirse la vela
todo se hace oscuridad
mis miserias en la almohada
se van convirtiendo en sueños
al final de esta jornada
me estoy quedando sin nada
con la mirada cansada,
lejano de mi destino.
El eco trae una risa
hasta llenarme de miedo
se humedecen las paredes
por el sudor que transpiro
mientras me quedo dormido
envuelto en la soledad
mirando al techo y al cielo
oyendo la lluvia caer;
se cuela su crudo sonido
en el manto de mi piel
tiritando me cobijan
unas manos mortecinas
y mis ojos transparentes
por el flujo de mis lágrimas
observan llegar el final
calar un gélido aire;
es la condición que se impone al alma
andar por la oquedad infinita
sin descanso moviéndose en la oscuridad
colgado de los extremos
de un péndulo que se mueve incesantemente
estirando hasta no poder
el tiempo decrépito;
se escuchan aullidos de hambre,
la sed de sangre
ansias de amores imposibles
que no se logran saciar
quién será la próxima víctima
de los Amos de la Verdad
el paraíso está fuera de mi alcance
nada es como lo imaginé,
el humo se ha vuelto nubes negras
cubriendo nuestras caras,
la libélula continúa su vuelo
tan cerca de mis manos
que transpira el miedo.
En los vestigios de Sodoma y Gomorra
se levantó una ciudad
entre volcanes y nieve
las gotas siguen cayendo
impregnando el karma en nuestra piel
como un tatuaje indeleble
que oprime el respiro
y traza el dibujo
sobre el cuerpo flagelado,
mutilado…
Las aves con sus alas húmedas
no pueden alzar el vuelo
las miro caer de sus nidos
conocer la agonía de la verdadera existencia
tengo demasiados vicios
fumar, amar, mentir
no hay nada logre cambiar
mis culpas y mis razones
la nieve sigue sangrando
sobre los árboles desnudos
dejando la silueta del Angel Caído
que se transforma en mujer;
mis ojos han visto demasiado
absortos en la crudeza de la verdad
el mar envuelve los misterios de la vida
pero hoy es fácil profanarlos,
el guardián yace herido
gritando ayuda
ha caído defendiendo las murallas de la Atlántida
la ciudad perdida;
cualquiera puede mirar a la muerte la cara
ya no tiene poder sobre nosotros
pero para qué querer la vida eterna
si el verdadero miedo es el dolor
cuando somos inmortales
en estos cuerpos tatuados
que plasman los sentimientos
que no supimos decir
y los dejamos irse a la nada,
reencarnar en recuerdos
extinguirse en el vacío
hasta convertirse en nuestra propia realidad…
Soy capaz de amar
en el caos y la decadencia
de este mundo fantasmagórico
que emerge lentamente;
soy solo un suicida mas
que está enfrentando a la muerte
sudando estático
con el arma entre las manos
escuchando las quejas del pensamiento
mientras todo cae en la inercia
del tiempo y el infinito
en su lucha eterna
por reclamar los cuerpos de los caídos;
ángeles y hombres
movidos por el mismo sentimiento
queriendo conquistar mundos desconocidos
tomar las almas de los inocentes,
me siento enfermo de espera
encerrado
caigo en la espesura del universo
en el espacio infinito de voces ajenas
tejiendo un ruido
que apacigue esta eternidad
nacida de un deseo
que nunca quise,
que ya ha quedado atrás.
Al reflejo de la luz
sobre el espejo de agua
miro la sombra descalza
que ha transitado en silencio
los umbrales del dolor;
laberintos y escaleras
destinos que yacen rotos
el viento trae el olor
del fuego que se consume,
las almas huyen al cielo
cuando se quema su piel
y se desprenden sus alas
se desfiguran sus caras;
las pústulas de mis manos
quisieron tocar el sol
envuelto en luces distantes
que no debieron tocar;
al consumirse la vela
todo se hace oscuridad
mis miserias en la almohada
se van convirtiendo en sueños
al final de esta jornada
me estoy quedando sin nada
con la mirada cansada,
lejano de mi destino.
El eco trae una risa
hasta llenarme de miedo
se humedecen las paredes
por el sudor que transpiro
mientras me quedo dormido
envuelto en la soledad
mirando al techo y al cielo
oyendo la lluvia caer;
se cuela su crudo sonido
en el manto de mi piel
tiritando me cobijan
unas manos mortecinas
y mis ojos transparentes
por el flujo de mis lágrimas
observan llegar el final
calar un gélido aire;
es la condición que se impone al alma
andar por la oquedad infinita
sin descanso moviéndose en la oscuridad
colgado de los extremos
de un péndulo que se mueve incesantemente
estirando hasta no poder
el tiempo decrépito;
se escuchan aullidos de hambre,
la sed de sangre
ansias de amores imposibles
que no se logran saciar
quién será la próxima víctima
de los Amos de la Verdad
el paraíso está fuera de mi alcance
nada es como lo imaginé,
el humo se ha vuelto nubes negras
cubriendo nuestras caras,
la libélula continúa su vuelo
tan cerca de mis manos
que transpira el miedo.
En los vestigios de Sodoma y Gomorra
se levantó una ciudad
entre volcanes y nieve
las gotas siguen cayendo
impregnando el karma en nuestra piel
como un tatuaje indeleble
que oprime el respiro
y traza el dibujo
sobre el cuerpo flagelado,
mutilado…
Las aves con sus alas húmedas
no pueden alzar el vuelo
las miro caer de sus nidos
conocer la agonía de la verdadera existencia
tengo demasiados vicios
fumar, amar, mentir
no hay nada logre cambiar
mis culpas y mis razones
la nieve sigue sangrando
sobre los árboles desnudos
dejando la silueta del Angel Caído
que se transforma en mujer;
mis ojos han visto demasiado
absortos en la crudeza de la verdad
el mar envuelve los misterios de la vida
pero hoy es fácil profanarlos,
el guardián yace herido
gritando ayuda
ha caído defendiendo las murallas de la Atlántida
la ciudad perdida;
cualquiera puede mirar a la muerte la cara
ya no tiene poder sobre nosotros
pero para qué querer la vida eterna
si el verdadero miedo es el dolor
cuando somos inmortales
en estos cuerpos tatuados
que plasman los sentimientos
que no supimos decir
y los dejamos irse a la nada,
reencarnar en recuerdos
extinguirse en el vacío
hasta convertirse en nuestra propia realidad…
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