Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
El resplandor del ave que te acoge,
como un istmo fresco y sin frontera
es el aura que reina y excomulga
los surcos más orondos de mi piel,
como en un mueble mal acabado,
lo inerte de tu huella camina sobre mí.
Solo quiero una necesidad de proclamarte,
algo que urda mi pecho a tus deseos,
mi boca al beso que el vaho refleja,
como una tiniebla abrupta.
Es tu recuerdo un preacuerdo.
Me explico:
En los poros de tus señales respiro.
Tus palabras son el mismo sitio de antes de escucharlas.
Eres ese humo que frivoliza los sentidos.
La linterna extraviada entre mis dientes.
Y el paladar que degusta arena, gravilla, cemento.
Esa mandíbula inabarcable para el gusto.
El ser omnívoro enjaulado en mi tímpano, cuya timidez es tan robusta como el eco del abismo más vacío.
Ese abismo en el que caigo, voz abajo.
Y mi travesía es el símbolo del horizonte.
Da lo mismo lo que intente.
Nunca podré acceder al mismo olvido que tú.