Hoy me he levantado
con resaca en las entrañas.
Camino con desgana,
sin saber a dónde
mis pasos me arrastran.
Sólo se que un nubarrón
se me ha subido a las cejas
y que allí se ha plantado,
esperando que un rayo de luz
se digne aparecer
y lo aleje de un plumazo.
Pero mientras,
entro en un bar
a intentar pasar el rato.
sobre un vaso de ginebra,
mis pensamientos vagan;
navegan entre recuerdos,
que creo que he vivido,
pero por causa del alcohol,
tienen forma de quimeras
que sus garras afiladas
restriegan contra mi cara.
Cuando me giro,
te veo.
como yo,
tienes pinta de perdido.
También ahogas
Lo que no puedes tragar,
sobre un copa de coñac,
mientras escuchas ensimismado
la triste balada
que suena en la radio.
Te hablo y te digo:
“Amigo mío te siento,
aunque me eres desconocido.
Observo, que
aunque no lo sabes,
compartimos ese dolor
que no podemos formular
delante de aquello
que nos es querido;
pero aquí,
entre ruido, vacío y olvido
de nosotros mismos,
se nos presenta de frente
y con sus cuernos nos embiste,
esta soledad entre la muchedumbre,
esta tristeza inexplicable,
que como un parásito nos atenaza,
nos sacude la garganta
con la angustia de no saber qué
o porqué, algo nos falta,
que impide que el camino
de regreso a casa
no vislumbremos desde la distancia.
con resaca en las entrañas.
Camino con desgana,
sin saber a dónde
mis pasos me arrastran.
Sólo se que un nubarrón
se me ha subido a las cejas
y que allí se ha plantado,
esperando que un rayo de luz
se digne aparecer
y lo aleje de un plumazo.
Pero mientras,
entro en un bar
a intentar pasar el rato.
sobre un vaso de ginebra,
mis pensamientos vagan;
navegan entre recuerdos,
que creo que he vivido,
pero por causa del alcohol,
tienen forma de quimeras
que sus garras afiladas
restriegan contra mi cara.
Cuando me giro,
te veo.
como yo,
tienes pinta de perdido.
También ahogas
Lo que no puedes tragar,
sobre un copa de coñac,
mientras escuchas ensimismado
la triste balada
que suena en la radio.
Te hablo y te digo:
“Amigo mío te siento,
aunque me eres desconocido.
Observo, que
aunque no lo sabes,
compartimos ese dolor
que no podemos formular
delante de aquello
que nos es querido;
pero aquí,
entre ruido, vacío y olvido
de nosotros mismos,
se nos presenta de frente
y con sus cuernos nos embiste,
esta soledad entre la muchedumbre,
esta tristeza inexplicable,
que como un parásito nos atenaza,
nos sacude la garganta
con la angustia de no saber qué
o porqué, algo nos falta,
que impide que el camino
de regreso a casa
no vislumbremos desde la distancia.