Jacobino
Poeta recién llegado
Todo está aquí, en tu cerebro,
todo cuanto te dí no caló en tu corazón,
fue un amor perdido que malvive
entre las cosas de nuestra habitación,
debe ser un fantasma herido que no ves
y tampoco veo yo. Todo lo que tú me diste
fue un regalo de esos que se rompen al instante
y no sabes el porque ha sucedido. Me gustan
tus muebles, la cama donde nos hemos gastado
como jornadas que llegan a la noche
solo para morir agotadas. Me gusta tu espejo
donde siempre espero ver nuestra historia,
creo como un idiota que se puede volver atrás,
me planto ante él y aguardo a que tu silueta frágil
aparezca a mis espaldas. Tu gato, tus zapatos,
la silla donde cae tu ropa más íntima, las sábanas
azul celeste... eso si viajará conmigo, agarrado
con un clip de la memoria. No sé que de bueno
hemos sacado de esos meses, no sé porque
los mensajes cruzados nunca se besaron,
ni tampoco las palabras lograron reunirse
en un instante feliz. Nos diremos que el placer
no fue tan frío, que la piel si estaba enamorada,
que cada vez que nos enlazamos
era como si un solo cuerpo palpitara...
decir por decir, mujer.
Ahora, en ese invierno que es una pura castaña,
aguardo en el pasillo con mi abrigo entre las manos,
y siento que follamos una vez tras otra
en un intento de descubrirnos, de darnos, regalarnos,
y todo fue fracaso... El beso final, ése de tus labios
recién pintados, mi caricia en tu mejilla, son rescoldos
de una historia que se esforzará por olvidarnos.
Con nuestra aquiescencia...
todo cuanto te dí no caló en tu corazón,
fue un amor perdido que malvive
entre las cosas de nuestra habitación,
debe ser un fantasma herido que no ves
y tampoco veo yo. Todo lo que tú me diste
fue un regalo de esos que se rompen al instante
y no sabes el porque ha sucedido. Me gustan
tus muebles, la cama donde nos hemos gastado
como jornadas que llegan a la noche
solo para morir agotadas. Me gusta tu espejo
donde siempre espero ver nuestra historia,
creo como un idiota que se puede volver atrás,
me planto ante él y aguardo a que tu silueta frágil
aparezca a mis espaldas. Tu gato, tus zapatos,
la silla donde cae tu ropa más íntima, las sábanas
azul celeste... eso si viajará conmigo, agarrado
con un clip de la memoria. No sé que de bueno
hemos sacado de esos meses, no sé porque
los mensajes cruzados nunca se besaron,
ni tampoco las palabras lograron reunirse
en un instante feliz. Nos diremos que el placer
no fue tan frío, que la piel si estaba enamorada,
que cada vez que nos enlazamos
era como si un solo cuerpo palpitara...
decir por decir, mujer.
Ahora, en ese invierno que es una pura castaña,
aguardo en el pasillo con mi abrigo entre las manos,
y siento que follamos una vez tras otra
en un intento de descubrirnos, de darnos, regalarnos,
y todo fue fracaso... El beso final, ése de tus labios
recién pintados, mi caricia en tu mejilla, son rescoldos
de una historia que se esforzará por olvidarnos.
Con nuestra aquiescencia...
::. Cuando una cosa acaba mal mejor no ir a comentarlo después. Historias malparidas van bien para escribir poemas o relatos, eso si.
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