Gonvedo
Poeta asiduo al portal
¿Adónde se va el tiempo
que no ha dejado huella,
ni promesa de su vuelta?
En su laberinto es la historia
de una invisible herida o la pasión
de un fuego inextinguible.
Tan solo existe el presente,
hacia tras nada queda,
ligero como un soplo de aire puro
que en los labios se va apagando,
pues, de nuevo, fluye la sed,
y basta un ligero sorbo
para que recuerde y se haga huésped.
En su propia historia, pasas
como las nubes, eres adiós
y bienvenida, alba y ocaso,
sal y rocío, un hilo de saliva
que da voz a su aliento.
Mañana de sol y de periódicos,
cuerpos en desuso que van ganando
vida, pez sin pasado que despierta
entre las algas, árbol que alberga
la memoria del bosque y de sus frutos.
Miradas que acaban cuando en la noche
regresa al mar el ojo de la niebla.
Échate aquí, a mi lado, y deja
que el tiempo suene como monedas
que caen al suelo, que pase tan lento
como las estrellas que vuelven
a casa de madrugada.
que no ha dejado huella,
ni promesa de su vuelta?
En su laberinto es la historia
de una invisible herida o la pasión
de un fuego inextinguible.
Tan solo existe el presente,
hacia tras nada queda,
ligero como un soplo de aire puro
que en los labios se va apagando,
pues, de nuevo, fluye la sed,
y basta un ligero sorbo
para que recuerde y se haga huésped.
En su propia historia, pasas
como las nubes, eres adiós
y bienvenida, alba y ocaso,
sal y rocío, un hilo de saliva
que da voz a su aliento.
Mañana de sol y de periódicos,
cuerpos en desuso que van ganando
vida, pez sin pasado que despierta
entre las algas, árbol que alberga
la memoria del bosque y de sus frutos.
Miradas que acaban cuando en la noche
regresa al mar el ojo de la niebla.
Échate aquí, a mi lado, y deja
que el tiempo suene como monedas
que caen al suelo, que pase tan lento
como las estrellas que vuelven
a casa de madrugada.