- A veces olvidamos que somos de carne y polvo,
que el tiempo se desliza como arena entre los dedos,
que envejecemos, y la vida cambia sin tregua,
sin promesa de eternidad.
Y es que la arena en nuestro reloj,
esa arena que creemos infinita,
puede agotarse en cualquier momento,
dejándonos solo el eco de lo que fuimos.
Así que, ¿qué nos queda sino vivir
como si cada segundo fuera el último,
como si esta breve chispa en la oscuridad
fuera nuestra única certeza?