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Tierra herida

Tema en 'Prosa: Filosóficos, existencialistas y/o vitales' comenzado por Arquisivilio, 23 de Febrero de 2020. Respuestas: 0 | Visitas: 41

  1. Arquisivilio

    Arquisivilio Poeta recién llegado

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    18 de Febrero de 2020
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    Género:
    Hombre
    Cuenta una nueva leyenda que, en algún lugar de este vasto mundo, una pequeña estrella fugaz tocó tierra, convirtiéndola en un lugar fértil y agradable, en el que siempre reinaba una luna menguante en su horizonte.

    Un día de primavera algún extraño mal cayó sobre aquella adorable tierra; octubrando sus dorados trigos, sus montañas profanando, debilitando su verdor y su río secando.

    En tal estado lucía aquello, que las gentes que allí habían permanecido a guardar su tierra, se asombraban al ver la eterna luna llena menguante en su horizonte… no conscientes, quizá, que un enorme núcleo de fuego vital bullía en sus entrañas.

    El sol la calentaba sin caldear, la lluvia caía sobre ella en cual desierto, sin dejar vestigio de ello… mientras sus gentes hacían lo imposible por reforestar aquellos yermos.

    Cuentan, quienes lo recuerdan, que los habitantes de aquel lugar tuvieron a bien llamar al hechicero, que llegó en día y hora inconclusos.

    Llegado, y viendo lo que allí acontecía, miró hacia abajo con un eterno parpadeo, sacó un vial de su zurrón y lo vertió en la punta de la vara que le hacía de bastón, tocando con ella en cabeza y pecho de todo el que allí se hallaba.

    Y cuentan los que lo vieron, que aferrando con ambas manos la vara, el hechicero la incrustó en la tierra con tanta fuerza que esta pareció estremecerse, surgiendo de nadie sabe dónde, lo que nadie acertó a definir como hombre, ser o cosa. En lo que todos coincidieron es en que aquello estuvo vagando por aquella tierra atormentándola y languideciéndola por momentos. Ningún propósito claro parecía tener aquella extraña entidad, salvo el de agitar a aquella tierra que tanto les había dado. Nada más pudieron hacer que permanecer allí, contemplando cuanto ocurría y apagando los fuegos provocados por los vómitos de magma que manaban de su luchadora alma.

    Esas gentes sabían, sin saber nada, que aquello era lo que debían hacer por su querida tierra… y esta no era ajena a ello. Cuanto más se esforzaban en apagar los incendios; esa tierra más se inflamaba, rabiaba de vida… no se daba por vencida. No los iba a dejar.

    Cuentan, también, que sin ser de un día para otro, aquella tierra ya sin río comenzó a florecer. Nuevas especies animales y vegetales la poblaron, quizá no las mismas, pero a nadie de los que allí se quedaron a cuidarla les importó lo más mínimo el cambio…

    …su tierra había vuelto, distinta, pero la misma.



    Para Marián… con mis mejores deseos
     
    #1

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