El Caballero Nival
Poeta recién llegado
... dedicado a mi tierra... mi gente... y a mi época... que por las jugarretas del destino... pierde día a día sus sueños...
... Miro al cielo, a mi entorno,
y empiezo a recordar,
como si hubiera vivido
en aquella época;
a recordar tiempos aciagos,
en que el gris no teñía
al firmamento;
en que el aire bailaba
por mi nariz sin corromper
a mis pulmones;
en que había más árboles y tótems
que postes de iluminación ;
en que aún se escuchaba
el canto de los cóndores,
en vez del tormentoso rugido
de los ruidosos motores.
¿Dónde quedaron los ritos?
¿Dónde quedó la tranquilidad?
Se han marchado lejos.
¿Volverán algún día?
La pólvora vino a sustituir
Al polvo de pintar el rostro.
Aquellos humildes senderos
Aplastados fueron por el asfalto.
No veo más bosques
Que el bosque de concreto
Que abruma a mis ojos.
Atrás quedó el culto a la tierra.
No hay ahora más culto
Que el culto a los opresores,
Para poder seguir viviendo.
No hay más rito hoy
Que el rito de la rutina.
Aquel interminable ciclo
Que envenena nuestras almas.
No hay hoy más altares
Que aquellos altares que
Echan humo y azufre,
Y donde va la gente a pedir
A quienes se hacen llamar dioses,
Por una pieza de pan.
De mi tierra huyen los poetas,
Pintores y cantores,
Y sólo se ven aquellos
Que entonan la canción
De la decadencia,
La decadencia disfrazada de progreso,
Aquel pirómano que vino a secar lagos,
Quemar bosques, chozas...
Y sueños.
Sueños de un mañana,
Que hoy sólo es una esperanza vacía...
...
... Miro al cielo, a mi entorno,
y empiezo a recordar,
como si hubiera vivido
en aquella época;
a recordar tiempos aciagos,
en que el gris no teñía
al firmamento;
en que el aire bailaba
por mi nariz sin corromper
a mis pulmones;
en que había más árboles y tótems
que postes de iluminación ;
en que aún se escuchaba
el canto de los cóndores,
en vez del tormentoso rugido
de los ruidosos motores.
¿Dónde quedaron los ritos?
¿Dónde quedó la tranquilidad?
Se han marchado lejos.
¿Volverán algún día?
La pólvora vino a sustituir
Al polvo de pintar el rostro.
Aquellos humildes senderos
Aplastados fueron por el asfalto.
No veo más bosques
Que el bosque de concreto
Que abruma a mis ojos.
Atrás quedó el culto a la tierra.
No hay ahora más culto
Que el culto a los opresores,
Para poder seguir viviendo.
No hay más rito hoy
Que el rito de la rutina.
Aquel interminable ciclo
Que envenena nuestras almas.
No hay hoy más altares
Que aquellos altares que
Echan humo y azufre,
Y donde va la gente a pedir
A quienes se hacen llamar dioses,
Por una pieza de pan.
De mi tierra huyen los poetas,
Pintores y cantores,
Y sólo se ven aquellos
Que entonan la canción
De la decadencia,
La decadencia disfrazada de progreso,
Aquel pirómano que vino a secar lagos,
Quemar bosques, chozas...
Y sueños.
Sueños de un mañana,
Que hoy sólo es una esperanza vacía...
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