Empiezo escribiendo, y voy dejando
que se trepen los alamos
y el rio, con desagues orados de un convento.
Pienso en Sor Juana, y pierdo el equilibrio del
momento.
Sea la paz, un dulce manjar de la palabra,
evadiendo la luz de la conciencia.
Rompo todas las quejas moribundas, mientras
blando los ojos de mi amada.
La paz sea con el humo, con la hierba, con la
tierra.
Y vomito los malos pensamientos, porque estorban
del cielo, las tijeras.
Asi de loco, toco, poco.
Y luego subo al viento en mi bolsillo, para saber
que todavia sigo vivo.
german g