José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
No era cuando encontré
este buque cuando buscaba la noche.
Armados,
los adverbios piratean el tiempo,
así como los pronombres los cuentos.
Yo soldado cerraba cada noche
la flota de sus propios suministros.
Hoy
Todavía el daño.
Olvidaste el miedo
entre mis piernas.
Con la condición de borrar las memorias,
mi mano y la tuya se trabajaron el colchón
de cualquier tripulante.
Abrir.
Todavía el daño.
El momento de tantos efectivos,
de tantas fuerzas especiales frente a mis intenciones.
tu eras una palabra
y yo un soldado
que aún no había aprendido
a lidiar con las manecillas del reloj.
Quiero solicitar permiso para ser pirata,
le decía desnudo al espejo.
Que a su vez me miraba vestido de soldado.
No era cuento lo de morir.
Con el objetivo de dispersarte
mis dedos escoltaron tu espalda
sin decirlo.
Dispuse el misil de mi destructor
contra tu fallida inocencia.
Mi nervio contra tu nervio.
Todavía el daño.
este buque cuando buscaba la noche.
Armados,
los adverbios piratean el tiempo,
así como los pronombres los cuentos.
Yo soldado cerraba cada noche
la flota de sus propios suministros.
Hoy
Todavía el daño.
Olvidaste el miedo
entre mis piernas.
Con la condición de borrar las memorias,
mi mano y la tuya se trabajaron el colchón
de cualquier tripulante.
Abrir.
Todavía el daño.
El momento de tantos efectivos,
de tantas fuerzas especiales frente a mis intenciones.
tu eras una palabra
y yo un soldado
que aún no había aprendido
a lidiar con las manecillas del reloj.
Quiero solicitar permiso para ser pirata,
le decía desnudo al espejo.
Que a su vez me miraba vestido de soldado.
No era cuento lo de morir.
Con el objetivo de dispersarte
mis dedos escoltaron tu espalda
sin decirlo.
Dispuse el misil de mi destructor
contra tu fallida inocencia.
Mi nervio contra tu nervio.
Todavía el daño.
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