BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Noches indeterminadas golpeadas
acaso por un muslo de inigualable
belleza, transportadas en la higiene
de un guante evaporado como miel
de arce. Noches que descubrí en la
soledad de los patios azules cuya raíz
enigmática fluía sin descanso como humareda
de un cigarro electrónico, dentro de un paisaje
bucólico, agreste. Ah la noche, era solo mía.
Bajo aquel alegre panorama de insectos
mis titubeos sexuales se enardecían con secreto
rubor de encina fresca y maloliente, buscando
en el perfume la orgía múltiple de los cuerpos
que se asedian en los portales. Esféricas e incuestionables
demandas de manos contra sexo, de formas
errabundas y milagrosas, de roer la brusca apetencia
entre auroras y desastres. Tráfico burdo y oral
de persianas lánguidamente cerradas, contra el muro
deslumbrando por focos inaccesibles. Tributos
del rey de la encina, mirad, cómo se deshace
ahora, aquella líquida ofrenda...
®
acaso por un muslo de inigualable
belleza, transportadas en la higiene
de un guante evaporado como miel
de arce. Noches que descubrí en la
soledad de los patios azules cuya raíz
enigmática fluía sin descanso como humareda
de un cigarro electrónico, dentro de un paisaje
bucólico, agreste. Ah la noche, era solo mía.
Bajo aquel alegre panorama de insectos
mis titubeos sexuales se enardecían con secreto
rubor de encina fresca y maloliente, buscando
en el perfume la orgía múltiple de los cuerpos
que se asedian en los portales. Esféricas e incuestionables
demandas de manos contra sexo, de formas
errabundas y milagrosas, de roer la brusca apetencia
entre auroras y desastres. Tráfico burdo y oral
de persianas lánguidamente cerradas, contra el muro
deslumbrando por focos inaccesibles. Tributos
del rey de la encina, mirad, cómo se deshace
ahora, aquella líquida ofrenda...
®