Todo

chc

Christian
Para J.C.


Todo al fin sucede en un mañana.
Todo es un remoto aguacero del después.
Es la conveniencia que se ajusta a las promesas,
y ese despertar que sigue siendo
ayer en las voces del mezquino,
de los pueblos,
del rosario,
de ese insípido verano
que nunca se cae.

Pasaran sobre su espalda mil inviernos,
mil hamacas,
mil sonrisas,
tantas otras jerarquías
que ni vale ya contarlas,
pero en vano se abrirá
la puerta que se abre.

En las ruinas de un abismo
dormirán los dulcesueños,
los jazmines,
las alondras,
aquél que nunca ha vuelto,
y el presente que jamás
será ni un gramo de ese hoy
ensimismado y condenado
a vivir seguramente
arriesgando su apariencia.

Pero todo al fin sucede,
a pesar de los finales,
de Dios,
de los dentistas,
de los padres,
de la fiebre de colores,
de la alegría,
del amén.

Todo es un conjunto de amenazas y palabras
que conmueven los olvidos más pequeños
y los crían y alimentan
y los paren nuevamente,
los engullen, los escupen,
los arrojan al recuerdo desterrado
de los ojos que ven
todo lo que nunca se atrevieron.

La lluvia
que los lava
no los salva del ayer tan memorable,
inolvidable,
consensuadamente insoportable.

Todo al fin sucede en un mañana.
Pero el después quizá sea un arma innecesaria.
Un arrebato pordiosero del saber
y de las mentes que forjaron
esta ciencia de olvidar
lo que siempre
debiera recordarse.

Y pasaran sobre su espalda postrerísima
mil veces antes que los sienta,
mil olvidos despiadados,
mal habidos,
bien ganados.

Y no es un justo porvenir
pero todo,
al fin
sucede en un mañana.
 
Para J.C.


Todo al fin sucede en un mañana.
Todo es un remoto aguacero del después.
Es la conveniencia que se ajusta a las promesas,
y ese despertar que sigue siendo
ayer en las voces del mezquino,
de los pueblos,
del rosario,
de ese insípido verano
que nunca se cae.

Pasaran sobre su espalda mil inviernos,
mil hamacas,
mil sonrisas,
tantas otras jerarquías
que ni vale ya contarlas,
pero en vano se abrirá
la puerta que se abre.

En las ruinas de un abismo
dormirán los dulcesueños,
los jazmines,
las alondras,
aquél que nunca ha vuelto,
y el presente que jamás
será ni un gramo de ese hoy
ensimismado y condenado
a vivir seguramente
arriesgando su apariencia.

Pero todo al fin sucede,
a pesar de los finales,
de Dios,
de los dentistas,
de los padres,
de la fiebre de colores,
de la alegría,
del amén.

Todo es un conjunto de amenazas y palabras
que conmueven los olvidos más pequeños
y los crían y alimentan
y los paren nuevamente,
los engullen, los escupen,
los arrojan al recuerdo desterrado
de los ojos que ven
todo lo que nunca se atrevieron.

La lluvia
que los lava
no los salva del ayer tan memorable,
inolvidable,
consensuadamente insoportable.

Todo al fin sucede en un mañana.
Pero el después quizá sea un arma innecesaria.
Un arrebato pordiosero del saber
y de las mentes que forjaron
esta ciencia de olvidar
lo que siempre
debiera recordarse.

Y pasaran sobre su espalda postrerísima
mil veces antes que los sienta,
mil olvidos despiadados,
mal habidos,
bien ganados.

Y no es un justo porvenir
pero todo,
al fin
sucede en un mañana.

Me encanta como escribes, compañero,muy bueno.
Un abrazo
 
Todo tiene su cauce y fin, me parece muy bueno tu poema. saludos
 

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