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Poeta que no puede vivir sin el portal
Las promesas entre compañeros son abundantes y más aún después de unas pintas. No faltaron en la graduación y menos aún en la cruda sabatina y segunda borrachera consecutiva.
En la clásica exhibición de fotografías familiares conocí a los padres de JF y él conoció a mi familia.
Después de los primeros años y asignaciones ya teníamos a buen resguardo las cartas de despedida para nuestras familias. JF portaba las letras a mi esposa y yo portaba las líneas para su familia.
Hubo ocasiones en que perdimos contacto pero siempre sabíamos dónde estaba el otro. JF poseía un específico rastro. Fácil de seguir aún en los destinos más austeros y apartados a los que era asignado. Donde se presentara un soldado a dar asistencia a una escuela y apoyo a la iglesia ahí estaba mi amigo. Nunca faltó a esta consigna auto impuesta. Después de terminar sus asignaciones pedía autorización para brindar ayuda suplementaria en ambas instituciones, ya sea entreteniendo a los niños o asistiendo a los problemas de una capilla derruida.
Alguna vez le llamé la atención: si yo podía encontrarlo, cualquiera lo haría.
Nuestro ascenso fue gradual... a veces uno tomaba la delantera y era rápidamente alcanzado por el otro.
De pronto llegó el aviso de la meta presidencial para combatir al narcotráfico y por primera vez en años fuimos asignados a la misma compañía.
En la clásica exhibición de fotografías familiares conocí a los padres de JF y él conoció a mi familia.
Después de los primeros años y asignaciones ya teníamos a buen resguardo las cartas de despedida para nuestras familias. JF portaba las letras a mi esposa y yo portaba las líneas para su familia.
Hubo ocasiones en que perdimos contacto pero siempre sabíamos dónde estaba el otro. JF poseía un específico rastro. Fácil de seguir aún en los destinos más austeros y apartados a los que era asignado. Donde se presentara un soldado a dar asistencia a una escuela y apoyo a la iglesia ahí estaba mi amigo. Nunca faltó a esta consigna auto impuesta. Después de terminar sus asignaciones pedía autorización para brindar ayuda suplementaria en ambas instituciones, ya sea entreteniendo a los niños o asistiendo a los problemas de una capilla derruida.
Alguna vez le llamé la atención: si yo podía encontrarlo, cualquiera lo haría.
Nuestro ascenso fue gradual... a veces uno tomaba la delantera y era rápidamente alcanzado por el otro.
De pronto llegó el aviso de la meta presidencial para combatir al narcotráfico y por primera vez en años fuimos asignados a la misma compañía.
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