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Tomó mi mano y juró venganza IX

cesarfco.cd

Poeta que no puede vivir sin el portal
Con el picaporte en la mano y la mirada nublada mi mente se transportó a sonidos distantes de pies calzados con botas, el peculiar tintineo de la bandola que sujeta las armas, el golpeteo de los rifles semiautomáticos así como los estertores de mis hombres.

En un segundo estoy nuevamente en la azotea de edificios anexos al Sindicato X, preparándonos para tomarlo. Habían transcurrido cuarenta minutos desde que dejamos el helicóptero y aún no podíamos asegurar ni siquiera un lugar donde descendiera otro aparato.

Desde nuestra posición veíamos el patio interno del edificio y era un hervidero de personas vestidas de paisano: Tenis, playera tipo polo, pantalón de mezclilla y las omnipresentes cadenas y esclavas de oro que ostentan los que se manejan en esos círculos.

Di la señal para permanecer inmóviles en cuclillas y en ese momento empezó a saltar polvo de cemento a nuestro alrededor: Estábamos a tiro franco desde la calle, el patio del edificio y las azoteas vecinas.

El sonido particular que se escucha cuando un cuerpo es alcanzado por una bala de gran calibre que golpea, desgarra, se hunde y traspasa la carne fue tan claro y alto que dejé de escuchar nada a la vez que girábamos sobre nuestros talones.

Por un segundo... un maravilloso segundo me sentí orgulloso de mis compañeros al desplegar un entrenamiento perfecto tras colocarse cual estrella de los vientos para cubrir los cuatro flancos.

Ni bien se silenciaba un arma enemiga... llegaban más para remplazarla. Ordené que todos concentráramos nuestro fuego en un punto que nos permitiera hacernos de un pasaje para replegarnos.

Cuando nos dimos cuenta ya arrastrábamos a dos hombres más, que estaban heridos pero que no dejaban de disparar sus armas.


©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd
 
Con el picaporte en la mano y la mirada nublada mi mente se transportó a sonidos distantes de pies calzados con botas, el peculiar tintineo de la bandola que sujeta las armas, el golpeteo de los rifles semiautomáticos así como los estertores de mis hombres.

En un segundo estoy nuevamente en la azotea de edificios anexos al Sindicato X, preparándonos para tomarlo. Habían transcurrido cuarenta minutos desde que dejamos el helicóptero y aún no podíamos asegurar ni siquiera un lugar donde descendiera otro aparato.

Desde nuestra posición veíamos el patio interno del edificio y era un hervidero de personas vestidas de paisano: Tenis, playera tipo polo, pantalón de mezclilla y las omnipresentes cadenas y esclavas de oro que ostentan los que se manejan en esos círculos.

Di la señal para permanecer inmóviles en cuclillas y en ese momento empezó a saltar polvo de cemento a nuestro alrededor: Estábamos a tiro franco desde la calle, el patio del edificio y las azoteas vecinas.

El sonido particular que se escucha cuando un cuerpo es alcanzado por una bala de gran calibre que golpea, desgarra, se hunde y traspasa la carne fue tan claro y alto que dejé de escuchar nada a la vez que girábamos sobre nuestros talones.

Por un segundo... un maravilloso segundo me sentí orgulloso de mis compañeros al desplegar un entrenamiento perfecto tras colocarse cual estrella de los vientos para cubrir los cuatro flancos.

Ni bien se silenciaba un arma enemiga... llegaban más para remplazarla. Ordené que todos concentráramos nuestro fuego en un punto que nos permitiera hacernos de un pasaje para replegarnos.

Cuando nos dimos cuenta ya arrastrábamos a dos hombres más, que estaban heridos pero que no dejaban de disparar sus armas.


©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd
Muy interesante que está....
Gracias
un beso
 

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