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Poeta que no puede vivir sin el portal
Desperté en el hospital con un zumbido en los oídos marca diablo y las manos adormecidas. Lo que podía distinguir eran las sondas que drenaban fluidos de mi abdomen.
Algo dijo una enfermera al doctor de guardia y nuevamente me perdí en sueños.
Cuando fui plenamente consciente de mi ya habían pasado cuatro días desde que ingresé al hospital, me preguntaba el porque tendría la mano derecha tan adolorida. Al mirarla vi con gusto (y pesar a la vez) que sostenía el diario de JF. Puse las memorias y relatos de mi amigo sobre mi pecho y estiré los dedos agarrotados.
Se presentó un Teniente X y me pidió los pormenores, puntualizando que debería presentarlos yo mismo al ser dado de alta. Ese mismo día me quitaron las sondas y empecé a caminar, dando una exhibición a las enfermeras, ya que las batas del hospital no tapan la retaguardia, cuando uno anda deprisa al baño.
Al quinto día ya estaba uniformado y listo para dejar el hospital cuando llegó el Teniente coronel X, quien me informó que había sido ascendido a Teniente por méritos. Me prendó los galones, se cuadró en un saludo y se retiró.
Me presenté en mi base a rendir el informe complementario y a recibir cuatro días de licencia para visitar a la familia de JF.
El viaje a la ciudad de Monterrey, N. L. tomó menos de una hora, sonreí ante la ironía de que el viaje dentro de la ciudad tomaría más tiempo que el vuelo de ochocientos kilómetros.
Me encontraba ante la casa de los padres de JF. y no se cuanto tiempo estuve de pie sin moverme, dándome ánimos para llamar a la puerta.
Algo dijo una enfermera al doctor de guardia y nuevamente me perdí en sueños.
Cuando fui plenamente consciente de mi ya habían pasado cuatro días desde que ingresé al hospital, me preguntaba el porque tendría la mano derecha tan adolorida. Al mirarla vi con gusto (y pesar a la vez) que sostenía el diario de JF. Puse las memorias y relatos de mi amigo sobre mi pecho y estiré los dedos agarrotados.
Se presentó un Teniente X y me pidió los pormenores, puntualizando que debería presentarlos yo mismo al ser dado de alta. Ese mismo día me quitaron las sondas y empecé a caminar, dando una exhibición a las enfermeras, ya que las batas del hospital no tapan la retaguardia, cuando uno anda deprisa al baño.
Al quinto día ya estaba uniformado y listo para dejar el hospital cuando llegó el Teniente coronel X, quien me informó que había sido ascendido a Teniente por méritos. Me prendó los galones, se cuadró en un saludo y se retiró.
Me presenté en mi base a rendir el informe complementario y a recibir cuatro días de licencia para visitar a la familia de JF.
El viaje a la ciudad de Monterrey, N. L. tomó menos de una hora, sonreí ante la ironía de que el viaje dentro de la ciudad tomaría más tiempo que el vuelo de ochocientos kilómetros.
Me encontraba ante la casa de los padres de JF. y no se cuanto tiempo estuve de pie sin moverme, dándome ánimos para llamar a la puerta.
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