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Tomó mi mano y juró venganza XXI

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Corrector
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Nos comunicamos por radio para informar de nuestra situación. El contingente para la orden DN3 tendría que retrasar su arribo por lo menos hasta que se contara con una plaza segura.
Siguiendo las ordenes recibidas, aseguramos el perímetro de la ubicación y avanzamos por trechos cortos.
Ya no se escuchaba la arenga de personas. Ahora lo que nos ocupaba era el sonido de rotores de helicópteros civiles.
Teníamos la mala experiencia de que algún canal de noticias heroico hiciera acto de presencia entorpeciendo nuestras actividades y delatando nuestros movimientos en el perímetro de las construcciones rodeadas.
-¿Este edificio tiene un patio interior lo suficientemente grande para un helicóptero particular?
-Seguramente.
También estaba el problema de que los cabecillas emprendieran la retirada, dejando atrás a los gatilleros para ganar tiempo.
Mandé a los Sargentos ML y RS a que dieran un rodeo e hicieran fuego contra la parte opuesta de la construcción. Con la finalidad de acercar hacia nosotros a los cabecillas.
Si queríamos a un cabecilla, ese era el momento.
Bajamos la escalera y nos dirigimos hacia el centro de la construcción buscando una salida al patio central. Escuchamos los disparos que los sargentos estaban llevando a cabo, para halar la atención de los gatilleros.
El contingente que alcanzamos a ver en el patio central superaba los setenta hombres. Todos fuertemente armados. Haciendo un arco defensivo alrededor de un helicóptero ya en marcha.
Mientras analizábamos nuestras alternativas fuimos descubiertos y recibimos una descarga continua y pesada.
-Suelten todo. Disparen con todo. Al centro. Queremos que descubran ese helicóptero.
De pronto ya era una misión suicida. No saldríamos bien parados del intercambio de cortesías hechas con plomo.
Se escuchó un magnetófono incitando a la rendición de los narcotraficantes. Que si bien estaban mal parapetados, tenían armamento con mayor poder.
A mi señal, mis hombres dispararon los AT4 HS y el Al 100 al centro de la reunión.
-¿De dónde llegan tantos gatilleros?
-Aquí es la fiesta mayor y no nos habían invitado.

©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd
 
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Nos comunicamos por radio para informar de nuestra situación. El contingente para la orden DN3 tendría que retrasar su arribo por lo menos hasta que se contara con una plaza segura.
Siguiendo las ordenes recibidas, aseguramos el perímetro de la ubicación y avanzamos por trechos cortos.
Ya no se escuchaba la arenga de personas. Ahora lo que nos ocupaba era el sonido de rotores de helicópteros civiles.
Teníamos la mala experiencia de que algún canal de noticias heroico hiciera acto de presencia entorpeciendo nuestras actividades y delatando nuestros movimientos en el perímetro de las construcciones rodeadas.
-¿Este edificio tiene un patio interior lo suficientemente grande para un helicóptero particular?
-Seguramente.
También estaba el problema de que los cabecillas emprendieran la retirada, dejando atrás a los gatilleros para ganar tiempo.
Mandé a los Sargentos ML y RS a que dieran un rodeo e hicieran fuego contra la parte opuesta de la construcción. Con la finalidad de acercar hacia nosotros a los cabecillas.
Si queríamos a un cabecilla, ese era el momento.
Bajamos la escalera y nos dirigimos hacia el centro de la construcción buscando una salida al patio central. Escuchamos los disparos que los sargentos estaban llevando a cabo, para halar la atención de los gatilleros.
El contingente que alcanzamos a ver en el patio central superaba los setenta hombres. Todos fuertemente armados. Haciendo un arco defensivo alrededor de un helicóptero ya en marcha.
Mientras analizábamos nuestras alternativas fuimos descubiertos y recibimos una descarga continua y pesada.
-Suelten todo. Disparen con todo. Al centro. Queremos que descubran ese helicóptero.
De pronto ya era una misión suicida. No saldríamos bien parados del intercambio de cortesías hechas con plomo.
Se escuchó un magnetófono incitando a la rendición de los narcotraficantes. Que si bien estaban mal parapetados, tenían armamento con mayor poder.
A mi señal, mis hombres dispararon los AT4 HS y el Al 100 al centro de la reunión.
-¿De dónde llegan tantos gatilleros?
-Aquí es la fiesta mayor y no nos habían invitado.

©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd

Para invitar estan las cosas...
Un abrazo
Rosario
 
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