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Tomó mi mano y juró venganza XXII

cesarfco.cd

Poeta que no puede vivir sin el portal
Desperté en la habitación de JF, que su madre había preparado para que me quedara en ella. Serían las cinco de la mañana.
Sin hacer ruido me vestí con ropas civiles, con la firme determinación de evaporarme temprano, dejar una nota y reportarme a la base.
Salí a la sala con la bolsa en una mano y en la otra la nota de despedida.
-¿Cómo dormiste?
-Bien... bien gracias.
Era Sandra, que con ropa deportiva me miraba sonriendo desde la cocina. Yo oculté tras la espalda la nota y en un intento de disimulo pateé hacia dentro de la habitación la bolsa de lona.
-Esperaba me acompañaras a correr.
-Deja me cambio de ropa y vamos.
Escuché el hojeo de un periódico y sentí el aroma a jugo de naranja recién exprimido y café.
-Buenos días, hijo. Apúrate o esta niña te dejará. Le gusta correr temprano.
-Si señor.
Corrimos por espacio de veinte minutos para luego empezar a trotar y emprender la carrera nuevamente. El aire frío de la mañana y el cambio de paisaje despertó mis sentidos. Que ahora plenamente conscientes de la mujer que me acompañaba, entablaba un combate entre mi mente y corazón.
En lo que me di cuenta, estábamos en casa de Sandra, no en casa de sus padres.
Luchábamos con las prendas para desvestirnos rápidamente. Pasó la sudadera por su cabeza y la camiseta se le había pegado a los pechos erguidos, sus feromonas al mil por ciento despertaban en mi un león dormido. No perdimos un momento y cuando la levantaba en brazos ella peleaba con mi ropa.
Llegamos a la regadera desnudos, perfumados de sudor y deseo. Sentí que me hundía en el cielo, mientras me ganaba el infierno. Sandra guiaba nuestros cuerpos y embestidas, hasta que la miré a los ojos y se dejó querer con una pasión felina, desbocada.
Se derramó mi vida en oleadas, para luego remontar todas sus cumbres. Se nos hizo nada la hora. Y cuando ella explotó en temblores yo juraba estar en los cielos. Olvidé por completo mi lealtad y juramento en cada embestida, en cara caricia en cada beso reprimido por tanto tiempo.

©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd
 
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Desperté en la habitación de JF, que su madre había preparado para que me quedara en ella. Serían las cinco de la mañana.
Sin hacer ruido me vestí con ropas civiles, con la firme determinación de evaporarme temprano, dejar una nota y reportarme a la base.
Salí a la sala con la bolsa en una mano y en la otra la nota de despedida.
-¿Cómo dormiste?
-Bien... bien gracias.
Era Sandra, que con ropa deportiva me miraba sonriendo desde la cocina. Yo oculté tras la espalda la nota y en un intento de disimulo pateé hacia dentro de la habitación la bolsa de lona.
-Esperaba me acompañaras a correr.
-Deja me cambio de ropa y vamos.
Escuché el hojeo de un periódico y sentí el aroma a jugo de naranja recién exprimido y café.
-Buenos días, hijo. Apúrate o esta niña te dejará. Le gusta correr temprano.
-Si señor.
Corrimos por espacio de veinte minutos para luego empezar a trotar y emprender la carrera nuevamente. El aire frío de la mañana y el cambio de paisaje despertó mis sentidos. Que ahora plenamente conscientes de la mujer que me acompañaba, entablaba un combate entre mi mente y corazón.
En lo que me di cuenta, estábamos en casa de Sandra, no en casa de sus padres.
Luchábamos con las prendas para desvestirnos rápidamente. Pasó la sudadera por su cabeza y la camiseta se le había pegado a los pechos erguidos, sus feromonas al mil por ciento despertaban en mi un león dormido. No perdimos un momento y cuando la levantaba en brazos ella peleaba con mi ropa.
Llegamos a la regadera desnudos, perfumados de sudor y deseo. Sentí que me hundía en el cielo, mientras me ganaba el infierno. Sandra guiaba nuestros cuerpos y embestidas, hasta que la miré a los ojos y se dejó querer con una pasión felina, desbocada.
Se derramó mi vida en oleadas, para luego remontar todas sus cumbres. Se nos hizo nada la hora. Y cuando ella explotó en temblores yo juraba estar en los cielos. Olvidé por completo mi lealtad y juramento en cada embestida, en cara caricia en cada beso reprimido por tanto tiempo.

©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd

Hay cosas...que no se deben jurar por imposibilidad de cumplirlas y además, seguro que desde el Cielo, las cosas se ven de otra manera y tu amigo, su hermano sonreía...
Muy bello, César
Un abrazo
Rosario
 
Hay cosas...que no se deben jurar por imposibilidad de cumplirlas y además, seguro que desde el Cielo, las cosas se ven de otra manera y tu amigo, su hermano sonreía...
Muy bello, César
Un abrazo
Rosario

En el cielo no hay metralletas... que si no!...

Gracias Rosario por pasearte entre estas líneas, que ya tocan a su fin.

Un abrazo.
 

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